Campanas de responsabilidad

Publicado en La Verdad de Murcia el 22 febrero 2022

CAMPANAS DE RESPONSABILIDAD


Llevamos viviendo casi dos años una pesadilla llamada pandemia. Las personas ya estamos agotadas mental y físicamente por una situación que a todas luces se hace cada día más difícil de conllevar. Mensajes contradictorios y sobredosis de información han saturado a las inteligencias más brillantes. Al final, lo único que queremos es volver a cierta “normalidad” y que esto del Covid se acabe. Pero no es tarea fácil para los responsables sanitarios. La línea que separa la responsabilidad ética de proteger a la población, y en especial a los más vulnerables, de la relajación de las medidas es muy fina. La aparición de una variante del virus tras otra durante estos dos años no lo ha puesto fácil. 

Finalmente, la aparición de la vacuna y la esperanza de sus nuevas y más específicas actualizaciones, junto con la propagación de una variante muy contagiosa aunque mucho menos letal que las precedentes, y fármacos antivirales de nueva generación hacen posible un lugar para la esperanza.

Pero no todo es un final de cuento, o pesadilla. No podemos hablar ni de final feliz ni de olvido de lo que está pasando. La memoria de los muertos no puede perderse en la oscuridad del tiempo. Esta pandemia, como las precedentes en la historia humana, dejarán cuando previsiblemente pase huellas de cambio en la forma de ser y de relacionarse entre los humanos, e incluso de estos con sus mascotas y otros animales.

Las personas no están cómodas cuando se las obliga a hacer o a no hacer cualquier cosa contra su voluntad. Pero el final de la obligación no puede dejar paso a la total libertad, nos guste o no. Durante mucho tiempo, posiblemente años, las marcas de la pandemia se verán en el trasfondo de leyes y decretos. Algunos afectarán la construcción de residencias de mayores, y regularán sus nuevas normas de seguridad en relación a la prevención y abordaje de enfermedades infectocontagiosas. Los hospitales deberán incrementar sus plantillas, especialmente de enfermeras.

Desgraciadamente, la inercia y la dejadez institucional y política nos devuelve a la precariedad pre-pandemia. Las ultimas noticias en relación a la intención del Gobierno de crear una titulación de FP para capacitar la figura de coordinadora sociosanitaria en residencias, que asume funciones propias de la enfermería, desalienta la esperanza de que todo el desastre ocurrido haya servido para algo. Después de que miles de enfermeras hayan soportado con salarios miserables y condiciones denigrantes todo el peso del Covid en las residencias, sin que nadie se haya acordado de ellas en los reconocimientos públicos, el pago recibido es echarlas poco a poco de las residencias. La creación de esta titulación manifiesta la opinión que el Gobierno tiene de un grupo de profesionales altamente capacitadas, las de mayor cualificación del entorno europeo, por cierto. Asumir que un técnico no universitario pueda asimilar funciones propias de la cuidadora profesional por excelencia es condenarla públicamente a la denigración. 

Y lo peor no es que las enfermeras vayan desapareciendo de las residencias. Lo más doloroso es que nosotras cuidamos a personas mayores vulnerables. No creer ni apostar por nuestra profesión es condenar a los ancianos de las residencias a una más que previsible deficiente atención. Finalmente, el Gobierno de España ha cedido irresponsablemente a los lobbies del sector más mercantil de las gestoras de residencias y ha preferido bajar la calidad de la atención de las personas mayores antes de subir los precios por plaza de las residencias. Por lo visto, a sus ojos los ancianos dependientes no merecen ese esfuerzo.

Con este ejemplo, es difícil pedirle a los ciudadanos que sean responsables con las inminentes medidas de desescalada. Afortunadamente, los españoles somos los habitantes del país más solidario del planeta, como los datos de donaciones para trasplantes anuncian. Al final, deberemos ser nosotros mismos los que de manera responsable pensemos los unos en los otros. No nos queda otra. Los tiempos que vienen no son solo de cambio, también serán tiempos de responsabilidad.


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