La dictadura del "like" en gerontología: autonomía, tolerancia y respeto

Hace solo unos pocos días veía en algunas redes sociales un vídeo donde un nieto golpeaba el brazo de su abuela con la aparente finalidad de hacer ruido con la grasa colgante de la extremidad. La anciana no estaba nada contenta, desde luego, de hecho estaba bastante enfadada. Hasta el punto de mirar con rabia e incluso decir algunos insultos. La cuestión es que este vídeo no es una excepción en la red. En el actual contexto de lo que supone la interacción humana en las redes sociales no puedo llegar a otra conclusión distinta a que la verdadera finalidad del vídeo, al menos para el nieto, no era otra que la de reírse de la pobre señora mayor únicamente para tener más "like". Este vídeo no es aislado, no es una mera anécdota. Cada vez hay más en las redes donde se vulnera una y otra vez la dignidad de las personas mayores.

En sintonía con este tema, y de una manera muy acertada, hace tan solo unos días, un buen amigo, subía a su red social un post donde pedía opinión a sus suscriptores, entre los que me encuentro, acerca de si lo que veíamos en un vídeo era una defensa de la autonomía personal promovida por el actual modelo de Atención Centrada en la Persona (en adelante ACP). El post, muy bueno por cierto (que no el vídeo), animaba al debate (muy necesario en mi opinión), por lo que los comentarios no tardaron en aparecer. Salvando los típicos comentarios de cortesía que no aportan nada al debate, más allá de hacerle saber al autor del post que cuenta con nuestro "Recomendar" (término que es el símil de "like" en otra red profesional), las verbalizaciones de los seguidores se polarizaban en torno a dos posiciones bien marcadas: 1) la de la defensa de la autonomía a toda costa del mayor que aparecía como protagonista, o 2) la de la defensa desde la ética de su dignidad entendiendo que era "víctima" de los autores que grabaron y subieron el vídeo, al parecer su hija y yerno. Mi posicionamiento claramente era y es el segundo. En este post reflexiono sobre ello, ya que el debate generado considero que resulta extrapolable a otras situaciones relacionadas.

Quizás deberíamos comenzar por describir el vídeo. En la grabación aparece una señora mayor, de unos ochenta años, sentada junto a una mesa en lo que parece ser la sobremesa de una comida o cena familiar. A continuación ella le pide al yerno que le eche una bebida alcohólica (al principio, solo un chupito) a lo cual él aparentemente se niega. Hasta ahí algo habitual en muchas sobremesas. Pero el desarrollo del vídeo comprende todo el tiempo en que la señora se enfada y pide con ansia que le echen alcohol en un vaso, e incluso que le echen más cuando al final se lo sirven. La supuesta gracia del vídeo, por lo visto, es ver como la señora se enfada y le lanza improperios a su yerno, y también a la hija, a la cual se la oye en más de una ocasión en el ruido de fondo. Al final la señora consigue su bebida, la cual ingiere con ansia, antes de volver a pedir que le echen más. Recordemos, hubieron dos posiciones marcadamente opuestas, por un lado la defensa de la autonomía de la mujer mayor, y en el otro lado, la defensa del honor y la dignidad de la señora ante un previsible público virtual. Por lo que parece el vídeo ha conseguido divulgarse en internet, a través de las redes sociales, acaparando varios miles de "likes".

Y es que "la dictadura del like" no es un eufemismo acuñado por mí. Por lo visto es un fenómeno cada vez más estudiado en el entorno de los adolescentes por lo relacionado con problemas de identidad personal, tan típicos en esa dura etapa vital. Al parecer la dopamina de nuestro cerebro es la responsable de los brevísimos momentos de placer/satisfacción que experimentamos cada vez que vemos que alguien nos ha enviado un "like" (en FacebookR), pero también sus expresiones similares tales como "Recomendar" (en Linkedln), o hacer clic en un "corazón" (en X -antiguo Twiter- e Instagram). Así, tener pocos "likes" hace que las personas se sientan tristes, por creer erróneamente que no importan a la "comunidad social virtual" que está sustituyendo con una velocidad apabullante a las verdaderas relaciones interpersonales. Así, se han descrito casos de depresión y ansiedad ligados a un descenso de "likes" en los post (ya sean textos, vídeos y/o fotos). Quizás por eso muchos internautas hacen lo que sea por obtener su minuto de gloria, pasajera pero gloria, en las redes. Suben cualquier cosa, y si por causalidad obtienen muchos "likes", quedan atrapados para siempre por la necesidad de obtener más y más, para que su cerebro segregue una y otra vez dopamina y obtengan así el placer y la satisfacción que por lo que se ve no obtienen en su vida real.


En este escenario volvemos a reflexionar sobre el vídeo referido más arriba, el de la señora que pide que le den alcohol. El ejercicio de la autonomía es prioritario en un modelo asistencial que se precie autodenominarse como "centrado en la persona". Por este motivo la persona, y sus preferencias, necesidades, valores, principios y creencias, deben ser tenidos en cuenta, aunque no a costa de todo. Quizás para los legos en ética el error aparece cuando se asemeja autonomía con libertad. La libertad en sentido estricto no existe, así de claro. Todos somos esclavos en mayor o menor grado de nuestra biología, de nuestras pasiones, y por suerte de nuestros sentimientos (para algunos neurocientíficos los sentimientos también son producto de la biología). Desde el mismo momento que amamos de verdad a alguien (padres, hijos, pareja, entre otros) nuestra representación en este mundo es contingente con su bienestar y el nuestro, ya que, por ejemplo, daríamos cualquier cosa para que no les pasara nada malo a nuestros seres queridos, convirtiéndonos así en rehenes del Fatum, del destino (otros dirán Dios, no solo el judeocristiano). Así, nuestra libertad debe dividirse entre libertad de pensar y libertad hacer. Uno puede pensar lo que considere oportuno y necesario, pero aún así deberá rendir cuentas a sus valores, principios morales, creencias y necesidades emocionales y psicológicas. Es lo viene a denominarse "conciencia moral". Además hemos de considerar la libertad de hacer. No podemos hacer lo que nos entre en gana, aunque creamos que a veces es así, sin rendir cuentas al resto, a la sociedad, en definitiva al conjunto de personas con las que voluntariamente hemos decidido vivir en compañía. No podemos ni golpear ni besar a cualquier persona, pues nuestra acción vulnera en potencia el mundo íntimo del otro, su integridad. En este sentido, la libertad de hacer se limita por normas consensuadas o no por una mayoría, ya sea directamente (elegidas por un pequeño grupo) o indirectamente (elegidas en forma de leyes por otros a los que hemos decidido delegar nuestra representación en sociedad, como los políticos en las Cortes). Vivir en consonancia con la existencia del resto (con sus propias creencias, valores, principios y necesidades) requiere de la conciencia moral, que no deja de ser un conjunto de normas internas que posee cada uno de nosotros, y de normas externas a nosotros mismos. Son requisitos necesarios para regular, como si de una frontera se tratara, la defensa de mis valores personales frente a la defensa que cada uno de los demás seres humanos hace de sus propios valores. Y todo ello teniendo en cuenta que estos valores y principios suelen alterarse dependiendo de la cultura donde vivamos. Se suelen emplear como guardianes de esta frontera otros términos tal que respeto y tolerancia, y que son propios de cada cultura.

Parece que respeto y tolerancia son la misma cosa, porque su uso coloquial en nuestras conversaciones así lo promueve, pero nada más lejos de la verdad. Respetar es lo más parecido a alinearse con ciertos valores, creencias, principios y necesidades emocionales y psicológicas de otras personas. Realmente en la vida práctica esto es muy difícil. Según el entorno en el que nos relacionemos este conflicto de respecto por los valores puede ser más o menos perjudicial para las personas (por ejemplo, por ese motivo sn tan necesarios los comités de ética en los entornos asistenciales sanitarios y sociales). Por este motivo desgraciadamente solo hay unos pocos valores que consiguen alinearnos a todos los seres humanos, entre los que destacamos la vida humana (respeto por la vida). Para entenderla como valor relativo, que no absoluto, debemos recurrir a la dignidad, que es un atributo necesario que podemos resumir en la defensa del proyecto de vida de cada persona, aun incluso si esa persona no está capacitada para defender su vida por sus propios medios (bebés, personas que sufren demencias, personas con ciertas discapacidades intelectuales severas, personas en coma, etc). Pero también para no prolongar fútilmente la vida. La dignidad es aquello que nos iguala a todas las personas humanas, que nos traspasa y nos trasciende. La tolerancia es la acción de vivir en comunidad, más o menos pequeña (incluso de dos personas), de manera que esto sea así a pesar de los valores, creencias, principios y necesidades emocionales y psicológicas de los otros, y sin que ello suponga un menoscabo en nuestra integridad ni en la defensa de nuestros propios valores, creencias, principios y necesidades emocionales y psicológicas. Por este motivo podemos vivir tolerando la manera en que otra persona se representa en el mundo, sin tener que respetar sus propios y particulares valores, creencias, principios y necesidades emocionales y psicológicas. Vivir en sociedad requiere como mínimo ser tolerante con los otros, aunque no respetemos sus valores particulares. El problema radica en que el grado supuestamente óptimo de tolerancia debe ser regulado necesariamente al menos por normas externas a nosotros. En teoría en una sociedad ideal, utópica, tolerancia y respeto deberían ser la misma cosa, pero todos sabemos que no es así. De este modo vivir en paz requiere de un equilibrio de fuerzas, a veces contrapuestas, en el que hay un espacio bizarro, poco definido, entre respeto y tolerancia. Mientras que el respeto debería sobresalir sobre la tolerancia por sí mismo, parece que cada vez aquel se supedita más a esta. La ausencia progresiva del cultivo de los valores, principios y creencias, más si cabe mayor entre los padres de nuestros jóvenes, está llevándonos ineludiblemente a una sociedad exclusivamente tolerante, pero muy poco respetuosa. Echo de menos consensos amplios de acciones destinadas a procurar la vida buena de todas las personas (la euidamonia aristotélica). En cambio cada vez hay más "pactos de no agresión", que no son más que tolerancias impuestas.

La llamada autonomía es entonces el mayor grado posible del ejercicio de libertad al que podemos aspirar viviendo en sociedad, y sus representaciones institucionales más pequeñas. El ejercicio de la autonomía no solo es hacer lo que a uno le venga en gana mientras el resto no le diga nada. Que otros no te digan nada no significa que la acción sea buena. Y si no que se lo digan, por ejemplo, a los niños víctimas de bullying escolar durante años que han sufrido el acoso de otros niños porque estos ejercían su mala acción de manera autónoma mientras nadie les decía nada. La autonomía, al menos en nuestra sociedad actual, cada vez se parece más a la materialización de un pacto de no agresión. Es quizás por eso que cualquier opinión vertida en cualquier sentido para hacer una crítica de una acción es tildada por el que no piensa igual como "radical", "fundamentalista" ("ser más papista que el Papa"), e incluso de manera paradójica es referida como "intolerante".

Una persona mayor que es grabada en un vídeo de un minuto pidiendo alcohol, si bien es tolerable, desde luego es muy irrespetuosa hacia toda una parte de la sociedad, y todavía menos respetable. Decía Kant en sus máximas (en su "Metafísica de las costumbres"): 1) principio de universalidad: actúa de tal modo que hagas el bien al otro, no por otro motivo más que por que así lo quieres, de tal manera que puedas hacerlo igual en cualquier otro momento y lugar, como actuaras así con toda la humanidad; y 2) actúa de tal modo que la persona sobre la que realizas la acción sea un fin en sí mismo, y no la trates como un mero medio. Sabiendo esto, y no teniendo constancia ni del consentimiento de esta señora a ser grabada, pero sobre todo a que su grabación sea compartida libremente en redes sociales, ni de que su estado cognitivo sea tal que supiera que significaba su acción, con pros y contras, la publicación y difusión de este vídeo es de una reprobación ética ejemplar. Así se entiende que la publicación del vídeo solo obedecía a la búsqueda de "likes" por parte de los que lo publicaron, ya fuera voluntaria o involuntariamente.

Tras intervenir en el chat que se creó a raíz del post de mi amigo, insisto que bien intencionado por su parte, me ha preocupado que muchos de los intervinientes que defendían la autonomía de la señora lo hicieran aludiendo a la libertad de la señora de hacer lo que quisiera, incluso si esto fuera potencialmente perjudicial para ella. Más preocupante, en mi sincera opinión, fue que asociaran esta acción con un ejercicio ejemplar de autonomía. Muy pocas personas cayeron en la finalidad última del post de la persona que grabó el vídeo, y que no es otra que la aparente captación de "likes". Muy pocos fueron los que aludieron en su respuesta a la falta de consentimiento de la persona mayor tanto para la grabación como para la posterior difusión de su contenido en redes sociales por parte de un tercero. Menos todavía los que se dieron cuenta del problema del estado cognitivo de la mujer, que no sabemos si permitía hacer un juicio válido de las posibles consecuencias de su acción. Pero lo que más me preocupó es que algunos de los que con más inquina aludían a la falta de tolerancia por parte de los que nos alarmaba esta grabación, y que únicamente argumentaron sus comentarios con expresiones tales que éramos "más papistas que el Papa", es que son directores de residencias de mayores. Supongo que serán esos mismos los que luego en sus centros tienen algún diploma comprado de los que ponen "Centro respetuoso con la Atención Centrada en la Persona". Que un director de residencias trate con tanta frivolidad un tema que a todas luces desconoce, como es la ética asistencial, y que ya hemos demostrado que traspasa las paredes de las residencias porque no solo compete a este entorno, debe preocuparnos. La acción que una familia, en concreto una hija y su marido, realizaron con su madre, a pesar de la ausencia de maleficencia, no garantizaba por sí misma la bondad de dicha acción, y mucho menos su extrapolación al resto de personas en las mismas circunstancias. Además, el uso del vídeo solo para compartirlo y obtener "likes", sin conocer si hubo consentimiento por su parte, demuestra que la satisfacción de una necesidad de una señora mayor, aunque errónea en nuestra opinión (la de beber alcohol, algo perjudicial a priori para su salud), nunca fue un fin en sí mismo sino un mero medio para que los familiares, yerno e hija, obtuvieran fama momentánea con la difusión del vídeo

Ya hemos comprobado como la dictadura de los "likes" está socavando la salud mental y social de cientos de miles de nuestros hijos. Los padres deberíamos haber aprendido que no les hemos dado buen ejemplo de algo sustancial cuando necesitan la aprobación fuera de nuestras casas de muchos miles de personas representadas en forma de "like". Por lo visto no hemos aprendido nada importante cuando también nosotros necesitamos de esta aprobación de todos, para lo que no hemos dudado en utilizar también a nuestros propios padres y abuelos. Cada vez hay más vídeos en redes sociales con niños y mayores en situaciones de burla con en consiguiente menoscabo de su dignidad. A veces, aunque no le demos al maldito "like" o sus similares, nos reímos aun sabiendo que lo que vemos no está bien. Nuestra conciencia moral nos habla desde dentro. Pero claro, a ver quien es el guapo o guapa que exterioriza su opinión  públicamente, no sea que nos tachen de intolerantes, y de faltar el respeto a la autonomía de cualquiera. Pues he aquí mi granito de arena por la causa pro-respeto a las personas. Ya lo digo públicamente: menos tolerancia insustancial y más respeto esencial. Con la tolerancia no es suficiente.

Quedo abierto a sus opiniones en los comentarios, siempre y cuando estén dentro de lo que el respeto dicta, y si los consideran necesarios o convenientes. Absténgase los irrespetuosos. No me hacen falta los "like"para dormir tranquilo. Acabo de poner el Árbol de Navidad junto a mis hijas, de modo que estoy de dopamina hasta arriba. Feliz Navidad amigos/as.

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