Seiscientos y pico pecadores

Publicado en La Verdad, el 10 Agosto 2021

SEISCIENTOS Y PICO PECADORES


Durante estos últimos días ha saltado a la palestra de los medios el triste suceso protagonizado por la muerte en una residencia de la Región de una persona mayor por Covid, en la que podríamos llamar “era postvacunación”. Es el caso más llamativo en una de las poquísimas residencias afectadas por brotes en nuestra Región. Personalmente, creo que lo que realmente ha alimentado el debate ha sido el conocimiento público del gran número de profesionales de las residencias que actualmente están todavía sin vacunar. Se habla de aproximadamente seiscientas personas que por motivos personales al parecer han declinado la oportunidad de vacunarse. Quizás la reflexión no estaría tanto asociada con el número neto, que también, sino con lo que supone este fenómeno para la vida de las personas que viven en las residencias, necesitadas del cuidado que sólo pueden prestarle unos profesionales que deberían entender que proteger a los vulnerables es una parte fundamental del cuidado.

Asociar muerte con la no vacunación debe ser objeto de matización, ya que este desgraciado suceso no está sujeto a un silogismo tan sencillo como el planteado. Es igualmente relevante, si no más, no tanto el número de profesionales no vacunados, que también, sino el mero hecho de haber transcurrido siete meses desde que se inició la vacunación prioritaria en las residencias y que hayamos permitido entre todos que hayan seiscientas personas atendiendo a los mayores, portadoras todas de un enorme riesgo sobreañadido de contagio. El debate va más allá de este llamativo aspecto.

Cuando el Ministerio de Sanidad del Gobierno de España publicó la estrategia de vacunación se planteó la posibilidad de obligar a estos profesionales a vacunarse. Esto es algo que ya han hecho países nada bananeros como Francia y Grecia. De una manera avispada los medios de comunicación ya nos preguntaban en diciembre qué haríamos con los profesionales que no quisieran vacunarse. En aquellos días, embriagados de optimismo por la aparición de la ansiada vacuna, pensábamos, o queríamos pensar de manera ilusa, que ningún profesional sería tan irresponsable como para declinar inocularse el milagro de la supervivencia de los más vulnerables en la pandemia, de los ancianos. Hoy tenemos seiscientas razones para pensar que el ser humano no es tan bueno como pensábamos.

Pero esta no es una cuestión que afecte solo a las residencias de mayores. Estas instituciones son solo la punta del iceberg. Como profesional de la salud soy consciente de la existencia de un pico que previsiblemente sobrepasa los seiscientos no vacunados. Son algunos sanitarios que trabajan sin estar vacunados, porque simplemente no quieren, en puertas de urgencias, plantas de hospitalización o centros de salud. Todos ellos atienden a personas enfermas que acuden a que les cuiden y les curen. No todos los que van a los dispositivos sanitarios tienen Covid. Pero siendo atendidos por estos profesionales irresponsables el riesgo de contagiarse es mayor al no estar vacunados. Sería bueno que alguien le preguntara al Consejero de Salud de la Región de Murcia cuántos profesionales sanitarios de los centros públicos no están actualmente vacunados.

Posiblemente algunos digan que no es bueno ser alarmistas. No es cuestión de alarmarse sino de preocuparse, de ir por delante alguna vez durante esta pandemia.

Ya se pidió a la Consejería de Salud una buena campaña publicitaria para la vacunación que apuntara a los “díscolos” antivacunas, a los tibios que ni a favor ni en contra, a los materialistas para los que esto de cuidar a los enfermos solo es una manera de ganar un sueldo. Visto lo visto, no podemos permitir que nos cuiden personas sin vacunar, les guste a ellos o no. 

Se deberían promover ya mismo los mecanismos necesarios, citados por el Ministerio de Sanidad, para obligar a vacunarse a todos los que atiendan a enfermos, o que estén cerca de ellos. De lo contrario, aquellos que se vacunaron algo indecisos ahora tendrán la excusa perfecta para no vacunarse en la siguiente campaña, que la habrá. Tal y como decía el refrán, si no hacemos algo ya mismo pagarán justos por pecadores. Los justos, no lo olvide, son nuestros mayores.



Comentarios

Entradas populares de este blog

El Orbe y la enfermera

Y la culpa la tuvo la sonda

La dictadura del "like" en gerontología: autonomía, tolerancia y respeto