¿derecho a morir?

 ¿DERECHO A MORIR?

Foto de cabecera: Toño Vázquez


Durante estas últimas semanas algunos, por lo visto los menos, hemos estado haciéndonos eco de una de esas desgracias que han reabierto un debate  necesario, aunque hay quienes parecen preferir que no nos fijemos demasiado en las consecuencias del sano arte de pensar, reflexionar, y en definitiva filosofar.

ES Marin, es una persona que un día cualquiera cometió el más atroz de los delitos, matar a un semejante, o a muchos como en el caso que ocupa, al menos supuestamente. Numerosos miembros de la policía autonómica catalana en Tarragona, así como varios de sus compañeros de trabajo, fueron supuestamente asesinados por este hombre mientras huía de un delito. Durante la escapada, y antes de ser detenido sufrió numerosas lesiones. Una de ellas le provocó una lesión medular cuya consecuencia más inmediata e invalidante fue una tetraplejia irreversible. Por este motivo, este preso todavía en prisión preventiva se ha acogido a los supuestos de la Ley 3/2021, la LORE, y ha solicitado la eutanasia aludiendo al padecimiento de un sufrimiento insoportable. No vamos a entrar en este escaso espacio a debatir en torno al sufrimiento y la imposibilidad de mensurarlo objetivamente. Tampoco en el nuevo espacio de debate legal en torno a las funciones que los Comités de Garantía y Evaluación supuestamente deben realizar frente a la interpretación del derecho por parte de los jueces y con esta la posibilidad de sentar doctrina y jurisprudencia.



Lo que sí nos ha llamado enormemente la atención ha sido el debate público, en la calle, y en las escasas tertulias televisivas y radiofónicas que se han interesado escasamente por el tema al menos durante unas pocas horas.

Ante el pesar y la rabia de algunos, los familiares y compañeros de los asesinados, la magistratura se encuentra inmersa en un proceso reflexivo por hacer valer la solicitud de eutanasia formulada por Marin, acogiéndose a lo legalmente permitido por la LORE. Estas personas refieren en su argumentario que al morir el preso se cerraría la vía penal de manera automática, ya que esta se extingue con el fin de la vida del denunciado. Es entonces donde aparece ese otro juicio, el de la calle, el mediático, el que en el caso que nos ocupa enarbola la privación del supuesto "DERECHO A MORIR" del preso, emanado a su vez de la LORE, como única medida JUSTA, para resarcir MORALMENTE y hasta el final a los supervivientes de los asesinados. En este caso la eutanasia se convierte en la única vía de escape legal del preso, y de este modo, aunque de manera radical, podría eludir la sentencia por lo que las familias no podrán ser resarcidas al menos moralmente por el asesinato de sus seres queridos. 

¿estaríamos hablando de una perversión legal de la LORE?, ¿nos encontramos ante una supuesto fenómeno de "pendiente resbaladiza"?, ¿esta es una cuestión meramente legal, o también de tipo ético?. Son estas cuestiones muy complejas de responder, en el supuesto caso de que realmente se pudiera aspirar a ello, sin reflexionar de una manera comedida y aludiendo a argumentos de peso, o sea de carácter ético y moral.

Derecho a vivir Vs derecho a morir: una confusión imposible

En una sociedad occidental como la nuestra, que de manera creciente parece adolecer de valores y principios morales que la sustenten a corto y medio plazo (y a los que duden de esto que afirmo les recuerdo el descaro con el que muy recientemente hemos vivido la declaración de guerra a Ucrania por parte de Rusia, siguiendo los mismitos patrones de la declaración de guerra de Hitler a Polonia, Austria, Francia, y al resto de Europa no hace ni cien años) vemos como la semántica está al servicio del marketing, o lo que es lo mismo, la engañifa, el engaño, la trampa. En nuestra sociedad actual no solo se pretende meternos por los ojos determinado refresco excesivamente azucarado e insalubre, también, y sobre todo, nuevas ideas, nuevos principios, nuevos valores: el materialismo, el consumismo, el hedonismo, la inmediatez, la supuesta libertad de acción, etc...


No podía ser menos arriesgado en temas tan profundos como los derechos humanos. A modo de ejemplo, si esta tarde saliera un personajillo de esos "famosos" en las redes sociales, enseñando una bandera junto a su hastag, o en su perfil, en pocos minutos el rebaño enseñará la misma bandera aunque no tenga ni idea de quien vive bajo la misma, solo porque "es tendencia". Una bandera puede ser un problema, pero cuando hablamos de derechos, reales o supuestos, el problema puede suponer la total deshumanización global de la sociedad, y eso ya son palabras mayores.

Uno de esos errores trascendentales, más o menos inducidos interesadamente por una parte de la élite intelectual que ha sido seducida por el materialismo, y sometida a los valores de la postilustración, es confundir derecho con posibilidad. No pretendo hacer un discurso de filosofía del derecho, ya que mis conocimientos al respecto son escasos y de oídas, por lo que focalizaré mi atención en la parte más comprensible y práctica  de la reflexión. Centrándonos en el tema de esta entrada les invito a comparar junto a mí el derecho a vivir con el supuesto derecho a morir. 

Si hablamos de vida debemos tener claro que para nosotros esta no es una posibilidad, ya que nos es dada, regalada; para algunos por la biología, para otros por la casualidad del fenómeno científico, para mí por Dios. Sea como fuere ninguno de nosotros ha podido elegir con anterioridad la posibilidad, esto es, no ha podido ejercer la intención de venir a este mundo. Cuando esto ha ocurrido, el proceso de vivir cada día, cada segundo, es contemplado como una señal de respeto a ese, ahora sí, derecho que se nos ha dado a vivir. Porque no se existe si no se está vivo. Ergo, tenemos derecho sustancial a vivir, a la vida. Es por ello, que, como comunidad humana el principal derecho que tenemos es a la vida, y que también ostentan todos los que nos rodean, precisamente por ser personas humanas como nosotros. Por eso no podemos quitar la vida a otra persona, ni ninguna persona puede quitárnosla a nosotros. No somos propietarios de aquello que nos fue regalado. No es ético ni humano. Ese respeto, sagrado en mi caso, es el que lleva a formular también alguna excepción, que responde a la pregunta emanada de una posibilidad: ¿y si en algún momento por las circunstancias que sean tuviera que elegir entre el respeto a mi vida y el respeto a la vida de un semejante?; esto ocurre solo en ciertas situaciones en las que se plantea la dicotomía: tu vida o mi vida. Ejemplo clarísimo es la defensa propia, donde una persona nos agrede real o potencialmente. 

A pesar de ello, y solo en ese caso, la defensa de nuestra propia vida no es un derecho, sino una posibilidad, porque podemos elegir entre no hacer nada y morir a causa del otro, o proteger nuestra propia vida aun a costa de la vida del otro. 
Es por causa de estos argumentos por lo que la pena de muerte es una sentencia éticamente reprobable, aunque legalmente posible. Por eso, insisto, la defensa propia no es un derecho, pues solo lo es el derecho a la vida, es una posibilidad convertida en excepción. Análogamente, podemos elegir entre beneficiarnos de lo aportado por la ciencia y la medicina, y no hacerlo, circunstancia que en nuestra legislación (Ley 41/2002 de autonomía e información del paciente) se materializa en la posibilidad de rechazar un tratamiento aunque ello suponga dejar continuar al proceso natural de enfermedad y con este llegar a la muerte. Cuando la sociedad comienza a plantear posibilidades alejadas de cuestiones troncales y fundamentales, como la defensa propia, con el único objetivo de satisfacer nuestra frustración, y auto-eximirnos de culpa, es entonces, digo, cuando se vulnera nuestra condición humana. Ese es el caso de la LORE, porque viene a regular, a autorizar socialmente, que no éticamente, una nueva excepción, una nueva posibilidad.

Si hablamos de muerte debemos entonces diferenciar claramente entre, por un lado, la posibilidad de vivir dignamente el proceso de enfermedad hasta que llegue ese segundo en el que se acaba la vida, y que en definitiva es la única muerte real, y, por otro lado, eso que llaman erróneamente muerte digna. La muerte no es ni digna ni indigna, pues cuando la muerte "es" la vida ya no existe. Lo digno o potencialmente indigno es el proceso vital que nos lleva de una manera u otra a la muerte, y que acabaría justo en el instante previo a dejar de existir tal y como somos, o lo que es lo mismo: la muerte. Simplemente, y solo por eso, no existe el derecho a morir, ni siquiera como una formulación complementaria al derecho a la vida. Así entendido, la muerte no es un derecho. O es simplemente el final biológico de nuestra existencia tal y como la entendemos, afectada por la enfermedad, el envejecimiento, o por lo accidental de la vida, o bien es la vulneración del derecho a la vida. De modo que la muerte no está sujeta a la condición de derecho, ya que vendrá inevitablemente dada de una manera u otra. En cualquier caso el morir es consustancial al derecho a la vida, al señalar lo que hay que proteger, pero no por ello es un derecho. Otra cosa bien diferente es la forma de morir, que puede manifestarse en forma de posibilidad al desconocer la persona humana a priori la manera y el momento en que acabará su existencia. 

En síntesis, lo humano y natural es la defensa de la vida por su carácter de regalo, sea cual fuese la forma y las circunstancias que la rodean (graves discapacidades, demencias, por ejemplo), y esa defensa, ya por uno mismo y por los demás, es un derecho. La muerte es humana en cuanto que resulta en final natural de la vida, y por ello podemos elegir, por un lado, retrasarla hasta donde éticamente y médicamente podamos, como consecuencia de la defensa del derecho a la vida luchando contra la enfermedad, o bien dejarnos llevar por el proceso natural y biológico de la vida sin interferir en este. Las herramientas éticas y legales que tenemos para ello son el consentimiento informado y el documento de voluntades previas o anticipadas, respectivamente.

La eutanasia de la Ley 3/2021 no es derecho a morir

Leído y comprendido lo anteriormente expuesto podemos inferir que la LORE NO ES NI REPRESENTA UN DERECHO A MORIR, ni legal, ni ético, ni moral, sino la posibilidad de acogerte a una supuesta excepción de un derecho, el de vivir.

Lo que se ha hecho en Las Cortes ha sido validar un juicio moral, que no ético, el de una minoría particular, validando primeramente una posibilidad, la de interrumpir el proceso natural de enfermedad y vida, como un derecho, más concretamente el de morir, que ya hemos visto que ni existe ni es éticamente aceptable.

La eutanasia, o mejor dicho, la ayuda médica para morir (en adelante AMM) y el suicidio asistido (en adelante SA) son solo las herramientas, los instrumentos,  mediante los que la excepción se materializa, tal y como el arma letal lo haría en el caso de la defensa propia. Pero hay un error categórico en este razonamiento, que no es otro que la imposibilidad de universalizar la actuación, tal y como exige una ética kantiana, por ejemplo. Si bien en el caso de la defensa propia la elección se centra en un momento crucial e irrepetible, y excepcional por sus circunstancias, en el que la persona debe elegir entre su propia vida o la del otro u otros, en el caso de la eutanasia descrita en la LORE se trataría de una decisión que solo afecta a la propia muerte, que no a la vida, pues lo que a raíz de la norma legal se elige es la forma y el momento de morir. Ese es el error dentro del campo de la ética, que ello se basa en un supuesto derecho a morir previo.

Y es precisamente en ese punto de la disertación donde la carencia de argumentación ética lleva a la LORE a lo mas alto de una pendiente resbaladiza y en el mejor de los casos a una contradicción lógica, y que representa de manera inigualable el suicidio, asistido o no.

El suicidio no es un derecho a morir

La LORE utiliza de manera parcial e interesada cierta argumentación lógica para justificar sus supuestos. Y para ello parte del concepto "sufrimiento insoportable". Lo esgrime tal que excusa para validar las peticiones realizadas. El argumento es fácil por simplista: la persona puede morir deliberadamente (ya sea por AMM o por SA) si se consigue que nadie pueda cuestionar algo tan intangible e inmensurable como el sufrimiento insoportable, solo porque él lo elige. Cuando se ha intentado desacreditar esta extrapolación lógica siempre se ha aludido a que quienes lo hacen, el desacreditar digo, son movidos por la religión, la rigidez mental, la dureza de corazón, la ausencia de compasión, etc, pero nunca con argumentos lógicos y éticos, sobre todo éticos.

Y es que validar los supuestos morales, que no éticos, de la LORE supone validar el suicidio, en cualquiera de sus manifestaciones. y de hecho, para aprobar la Ley 3/2021 se tuvo que reformar el articulado del código penal que se refiere al suicidio y a las penas por la colaboración en el mismo, ya sea compasivo o voluntario.

Porque ¿cual es la diferencia entre la persona que decide acabar con su vida, después de haber planificado más o menos cuidadosamente el día, hora, el puente, el tipo de cuerda, el calibre del arma, a quien le dejará tal o cual cosa, de aquella que argumentando un sufrimiento insoportable solicita legalmente según la Ley 3/2021, y elige, día, hora, personas que le van a acompañar, aunque la forma de hacerlo sea de tipo farmacológica?. La respuesta se sustentaría, al menos en parte, en esta otra pregunta, si el sufrimiento insoportable parece ser la característica que valida socialmente solo un tipo de suicidio, pero no el resto ¿es que los suicidas que no se acogen a la LORE no sufren tanto como para decidir acabar con su vida?. Responder NO a la última pregunta sería deshumanizador e ilógico. Si la respuesta fuese SÍ, ¿supone eso que todos los potencialmente suicidas pueden acogerse a la eutanasia que nos vende la LORE aludiendo a un sufrimiento descrito como insoportable?; y si a esta última pregunta también se responde con un SÍ, ¿cual sería la diferencia entre enfermos de salud mental con tendencias suicidas, de personas no enfermas que quieren simplemente acabar con su vida, y de aquellas enfermas por otras que no tienen problemas de salud mental?. Como espero que haya podido explicar bien, la cuestión da para mucha reflexión, más de la que una formulación simplista e ilógica de la Ley ofrece en su deplorable fundamentación.

Toda la LORE es una oda al suicido. En el caso de la AMM se trata de "suicidar" (recordemos que la LORE llama a esta primera opción "ayuda" médica para morir) a quien no puede hacerlo por sí mismo, y en el caso del SA se trata de ofrecerle al suicida armas más sofisticadas con las que acabar con su vida, en este caso fármacos a los que otros suicidas no pueden acceder en la calle.


La ciencia médica, y por extrapolación toda la ciencia sanitaria, está enfocada desde sus pilares más sólidos a promover la salud de las personas y en el caso de que no se puedan ofrecer alternativas que resulten en la curación se exigen cualidades y actitudes que pongan la compasión por la persona que sufre como la primera de las herramientas relacionales entre paciente y sanador. Pero compadecerse por el sufrimiento del otro no es tan sencillo como respetar un derecho que no existe como el derecho a morir. El suicidio es un síntoma, en cuanto a intención, y signo, en cuanto a intento consumado o frustrado, de una enfermedad mental previa o coexistente. El suicidio, ayudado o no, es morbilidad pero nunca es un derecho a morir. Considerarlo algo tan simplista como una circunstancia, fabricando para ello un derecho éticamente imposible e inviable, es una falta absoluta de respeto a cientos de miles de padres, madres, hijos, hijas, abuelos, hermanos, que cada día mueren por suicidio en este país, o que intentan matarse, y/o los sobreviven en calidad de familiares. En nuestro país un ejemplo claro es la regulación de la intervención médica con presos en huelga de hambre; según la doctrina legal y ética el medico no intervendrá mientras la persona en huelga de hambre no pierda la consciencia; llegados a ese momento el médico deberá realizar cuantas intervenciones considere necesarias, aunque para ello deba utilizar dispositivos extraordinarios y proporcionados en ese contexto como sería el sondaje nasogástrico y la sujeción física. El motivo de este intervencionismo es la defensa de la salud y la vida a la que constitucionalmente tenemos derecho, aun estando en situación de privación de libertad.

Durante mucho tiempo, sobre todo en países y tradiciones cada vez más materialistas, se nos ha confundido a los profesionales de la salud confrontando el supuesto, por inexistente, derecho a morir (acompañándolo del apellido "dignamente") con el de la defensa de la vida humana. Un falso derecho el de morir empujado por la tradición liberal que defiende que como todo puedo pensarlo (aunque no siempre opinarlo públicamente como vemos cada día) pues todo puedo hacerlo, que se resume en el siguiente silogismo: "si lo puedo pensar lo puedo hacer", de modo que si no quiero vivir así pues quiero morir ya. Y por lo visto eso no solo hay que respetarlo, porque de lo contrario seremos unos parias de la sociedad moderna, sino que debemos facilitarlo. Se nos ha vendido el mantra que lo mejor para la vida es la muerte y eso no solo es contradictorio sino maleficente.

La mera vigencia de la LORE nos lleva a preguntarnos si merece la pena los esfuerzos con los suicidas, o aquellas pobres personas que sufren y que piensan falsamente que es mejor no existir que existir como lo hacen. No por casualidad es en el segmento de personas con problemas de salud mental en aquellos países donde la ley ya hace años que está en vigor donde parece que ha dado lugar a mayores problemas de resolución de las peticiones. "Cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar", que decía el sabio refrán español. 

Humanizar lo deshumanizado


Llegados a este punto conclusivo no podemos más que recurrir a nuestra condición humana para abrir una puerta a la esperanza, la de humanizar aquello que se está deshumanizando.

Aquellos que ven en esta defensa racional de la vida frente al sufrimiento un ataque a unas más que evidentes limitaciones éticas probablemente intentarán "llevar al altar de los mártires" a los "pobres pacientes" a los que por lo visto algunos radicales queremos condenar al sufrimiento en vida. A ellos les pido que no utilicen a los pacientes que sufren como escudos humanos. Supongo que ambos queremos lo mejor para los pacientes que sufren, pero la muerte no puede ser nunca una defensa de la vida, ni un derecho porque no existe como tal. De hecho, la muerte nos recuerda lo valioso no solo de la vida en sí sino de todos los seres humanos vivos. Probablemente tendremos que hacer más pedagogía en las facultades de ciencias de la salud, para recordarles a los futuros profesionales que la compasión es un fármaco más potente que la quimioterapia o que sin ella no hay posibilidad de analgesia. Tendremos que promover más y mejores foros de debate para desarrollar estrategias que mejoren la vida de los que sufren. Habrá que hacer más presión para que los pocos políticos sensibles que conocemos destinen más presupuesto para poner en marcha proyectos de investigación, planes de cuidados paliativos, y sobre todo buenas apuestas por la mejora de la salud mental cada vez más prevalente entre adolescentes y mayores.


Pero lo que jamás podremos hacer como profesionales sanitarios es rendirnos ante el sufrimiento, y posteriormente justificar nuestra frustración y nuestra culpa racionalizando y normatizando el suicidio aunque ello suponga fabricar forzadamente un nuevo derecho como es el derecho a morir, el cual valida el suicidio y se contrapone a la pretensión sagrada del médico de curar y cuidar a personas enfermas. Eso explica la inquina con la que se pretende perseguir a los objetores de conciencia, porque ellos recuerdan a la sociedad con su negativa a intervenir en parte o en todo el proceso que todo no vale, que la conciencia ética y moral no sabe de leyes y normas, que la deontología profesional a pesar de ser tachada por algunos como desfasada y estorbo, sigue siendo faro en la oscuridad del mar que es en ocasiones la práctica clínica.

Terminando por donde comenzamos, cerrando el círculo, debemos ser conscientes de que como seres humanos que viven en una sociedad civilizada (que no siempre coincide con sociedad desarrollada) no podemos utilizar el sufrimiento humano como castigo, como quieren hacer los familiares y compañeros de los asesinados por ES Marin, y junto a ellos una parte de nuestra sociedad. Su castigo es la cárcel,  y su prisión su cuerpo. La LORE posibilita que ES Marin pueda suicidarse legalmente, mediante la AMM de la Ley 3/2021. Pero tampoco podemos inferir que sin LORE sería más fácil castigar con sufrimiento moral al reo, porque eso no sería ético, ni humano. El preso tiene derecho a la vida y a la salud, y por ello se le debería mantener con vida, pero no movidos por el rencor y la maleficencia, aun tentados por la gravedad y la crueldad de su delito. Nuestra actitud es la de mantener con vida a los seres humanos por el mero hecho de ser personas humanas; porque somos sujetos y portadores de derechos fundamentales como el de la defensa de la vida, protección de la salud o el de la promoción de la dignidad humana.

Comentarios

  1. Este texto está impregnado por tus valores religiosos. Como no los comparto, no puedo estar más en desacuerdo con usted, pero lo respeto... No pida usted nunca ayuda en la hora de su muerte por muy mal que se encuentre y sufra. Ahora, no prueba impedir que yo lo haga.
    La vida no es un regalo como usted dice, no me la regala ni Dios ni nadie. La vida es y punto. Con esa premisa falsa construye usted todo su razonamiento.

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    1. Ante todo, muchísimas gracias por el respeto mostrado hacia mi opinión. Efectivamente, como bien dice no compartimos los mismos puntos de vista pero no por ello dejan de ser respetables.
      Cuando llegue el momento por supuesto que sí pediré ayuda, pero esta no será que me practiquen una muerte inducida por fármacos, sino que me administren los fármacos necesarios solo para no tener dolor, ni sufrir físicamente. Quizás si debería aclarar que para mí la vida es un regalo, la mía y la suya, aunque para usted no lo sea; he ahí la diferencia fundamental y el respeto del que hablo al final del texto que debemos tener hacia los pacientes que la piden. Respetar su decisión sin watts de acuerdo con ella no me puede obligar a acatar sus deseos. Por suerte existe la objeción de conciencia.
      Le agradezco de corazón la valentía y el respeto mostrado al hacer pública su punto de vista. Considero que haciéndolo ganamos todos. Aquí no hay ganadores ni vencidos, solo personas que nos preocupamos por la personas desde diferentes puntos de vista.

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  2. No sé si tienes valores religiosos o no. en cualquier caso no me parece que este texto se fundamente en ese tipo de valores.
    Me parece que el tema no es si tengo derecho a suicidarme o no, sino si tengo derecho a exigir a la sociedad que me mate. A mí me parece que no, porque nuestra sociedad se ha fundamentado sobre la protección de la vida del inocente. Establecer otro principio me parece que es producir un mal a toda la sociedad.

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  3. Podemos ver que hay diferentes puntos de vista, como con tantos otros temas. El de usted, es solo mi opinión, está impregnado de una connotación religiosa, lo cual me parece bien, como usted dice " la vida es un regalo".
    Tal vez no somos capaces de apreciar este regalo o hay momentos de sombras donde la luz no seamos capaces de verla... Aprender a apreciar la vida con los buenos y malos momentos es fácil de decir, pero cambian las situaciones, incluso nuestra visión propia este regalo, convertimos ese camino en un "infierno", nos autodestruimos en vez de mejorar como ser humano. Tal como lo veo es ése el fallo, el error, muy humano, no saber apreciar la vida hasta que casi la pierdes... Yo tuve una segunda oportunidad, me atrpelló una persona, se fugó, me reanimaron mis compañeros del servicio de urgencias, no daban ni un euro poque pudiese volver a caminnar... Hoy por hoy camino, corro, subo siete pisos para ir a hacer una analítica de sangre o una cura... En esa nueva oportunidad de vivir realice mi sueño, ser enfermera, me estaba divorciando y pude terminar ese processo, para cobardes a mi lado ni... No supieron estar a la altura del momento, sobre todo porque había un menor sufriendo al ver como estaba su madre. Cambia la vida, cambiamos nosotros, incluso con días noo muy buenos aprecio el regalo que significa vivir. Tal vez no soy objetiva, me quedé sin vista durante horas, no podía respirar... Me daban el alta y tenía encharcado un pulmón, etc... Pero di un pado, luego otro, seguí trabajando, era auviliar de enfermería, saque el grado de enfermería, hice un máster y luego otro, Bioética Y Bioderecho, mis oposiciones de enfermería, ya tengo mi plaza, no, no soy la mejor, no soy perfecta, sigo aprendiendo, sigo viviendo, pienso que me quuedan tantos momentos por vivir... Sin duda es el mejor regalo de todos, la vida. No entiendo el derecho a morir, entiendo el derecho a vivir, la dignidad y el respeto me la gano día tras día, primero por mi misma, porque lo merezco, pero también por mi familia, mis seres queridos. Es el regalo de mi parte a los que me apoyaron, me ayudaron y me animaron. No, no soy objetiva. Un saludo

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