La píldora de la in-humanidad

Hace días que me rondan por la cabeza unas cuantas ideas de esas que muchos calificaríais de "extrañas". Posiblemente el haber disfrutado de una Navidad más, pero también la circunstancia de haber celebrado mi 20 cumpleaños profesional, en compañía de mis querid@s compañer@s enfermer@s de la Escuela Universitaria de Enfermería de Cartagena, me ha hecho quedarme pensativo en más de una ocasión. No solo ha sido el ser consciente de ir cumpliendo navidades, sino haber reído nuevamente con personas ahora algo más mayores, y más guapas (por dentro y por fuera), lo que me ha ido alienando el pensamiento de camino al trabajo, o en esos instantes nocturnos previos al primer ronquido durante estos últimos días. Cómo pasa la vida, casi sin darnos cuenta. El mero hecho de recordar las ininterrumpidas risas durante la comida de celebración de nuestra gran X Promoción me ha alegrado la semana. Me ha transportado nuevamente a días de agobio por los exámenes, de nervios por las prácticas que teníamos que hacer en otro servicio con nuevas tutoras enfermeras que para nosotros eran casi semi-diosas de la profesión; esas mismas sonrisas me han llevado a días de inmensa ilusión y felicidad: queríamos hacer cosas buenas por las personas, en nuestro caso los pacientes. Viendo el excelente montaje de vídeo, reuniendo grabaciones de algunas compañeras en su puesto habitual de trabajo, que mi compañero Antonio hizo como colofón final de la celebración, pude comprobar cómo todas mis compañeras honraban nuestra profesión cada día  dedicándose en cuerpo y alma a CUIDAR LA VIDA de los que padecen, de los que sufren, la de los pacientes. Cuanto las admiro, de corazón. Todo esto es entrañable en extremo pero no es "extraño", o al menos no en el sentido que me he referido al principio.

20 Aniversario de la X Promoción de Diplomados en Enfermería de la Escuela Universitaria de Enfermería (centro adscrito a la Universidad de Murcia) >> las mejores....

Lo paradójico de todo esto es que, conforme ganaba confianza en el convencimiento de que el ser humano es capaz de realizar el bien por sí mismo, dejando salir esa energía positiva sin esfuerzo, tal y  como hacen mis compañeras de promoción, a la vez me desilusionaba con otras noticias que me llevan inevitablemente a dudar acerca de la verdadera naturaleza humana. Me ha dolido leer el artículo que un periódico de tirada nacional dedicaba a la noticia que venía desde Holanda. Es curioso el hecho de que otros periódicos, también de tirada nacional, no le hayan dedicado ni una línea; más de los mismo. Por lo visto, el actual gobierno neerlandés pretende legalizar por la vía rápida la denominada "pastilla letal" (1). Tristemente, al leer detenidamente el artículo, he podido comprobar que dicha noticia no es ningún bulo (lo llegué a dudar, sinceramente). Por lo visto, la idea es crear una ley que permita que los mayores de 70 años puedan ingerir una pastilla que acabe con su vida, cuando ellos consideren que "tienen un deseo de morir consistente y activo" (cito literalmente). Para poder darle las "debidas garantías al proceso" existirán los llamados "consultores de final de vida" (como decía mi abuela: me quedo con las piernas colgando...). Para los que todavía no se han enterado: lo que pretenden es legalizar el suicidio a partir de los 70 años, argumentado para ello que los mayores ya no tienen deseos de vivir. 

Qué tendrá la vejez que a nadie gusta pero todos pretenden alcanzar. Al parecer la idea parte de las tesis de un juez ya fallecido, un tal Huib Drion, y que recogió en un libro tras hablar exclusivamente CON UN ANCIANO el cual le expresó su desesperanza al pensar que probablemente tendría que ingresar en una residencia, en un futuro. Para que luego critiquen a fallecido Jean Piaget (psicólogo del desarrollo) por establecer los periodos de desarrollo cognitivo humano a partir de la observación solo de sus tres hijos. Lo más gracioso es que, por lo visto, el tal Drion falleció con más de 80 años, tranquilamente y por causas naturales (a veces la vida nos sonríe con sarcasmo...). Para "crear la necesidad" de esta medida al parecer el gobierno holandés se basa en un informe en el cual se afirma que el 0,18% de los neerlandeses de más de 55 años "tiene un deseo de morir consistente y activo". Manda narices, que un 0,18% sea capaz de promover una ley cuyo fin es que si sufren pues que se mueran tomando una pastillita, eso sí, todo legal, para que luego no se diga. Evidentemente, detrás de todo esto hay algo más que un mero medio demagogo de hacer política.  El problema es que nos da miedo pensar que puede ser real. Sinceramente, y aquí es donde os cuento mis "extraños pensamientos", creo que la cuestión merece más de una vuelta.

Durante los últimos años hemos sido espectadores de cómo algunos países legalizaban, y así legitimaban, verdaderos atentados contra la vida de las personas, especialmente en Holanda y Bélgica. El racionalismo radical (biologicismo), el utilitarismo, y todos los "ismos" hijos de la Ilustración y de la postmodernidad han campado a sus anchas, al parecer más en unas latitudes que en otras. Compasión, justicia ó dignidad, son algunos de los términos que estamos empezando a acostumbrarnos oír en estos debates, inadecuadamente aunque en abundancia. ¿Qué es lo que lleva a un grupo de personas (políticos) a promover la legitimación del derecho a suicidarse?. Desde mi humilde punto de vista considero que estamos siendo espectadores de cómo estas personas (recordemos que representan a otras muchas, decenas de miles) están siendo devoradas por una grave enfermedad: la falta de sentido vital ó la desesperanza. ¿Cómo si no se explica que nadie relacione este acto contra la vida humana, la de uno mismo -suicidio- con una destrucción de la humanidad en su más amplio sentido?. Siempre ha sido peligroso confundir libertad con voluntad, pero en el caso que nos ocupa adquiere su máxima expresión. ¿Por qué atacar a los mayores de 70 años?; no es tan difícil intuir los motivos si nos vamos a los gráficos del INE de nuestro país, en los cuales se evidencia claramente que a partir de esta decena las personas, más los hombres que las mujeres, se suicidan de una forma más prevalente (2). 

Y claro, como hay más tendencias suicidas, entonces, ¿por qué no se lo ponemos más fácil?. Lo que nos venden es que para evitar formas crueles de sobrevivir (supuestamente como en una residencia, por ejemplo), lo más digno, por lo visto, es facilitarles el acceso a una pastilla que acabe con sus vidas, y así ya no sufren más. Mi pregunta a modo de respuesta sería: ¿y por qué no hacemos algo más que darles el tiro de gracia?. Para encubrir sus artimañas se ha articulado todo un discurso "beneficiente" en el cual en lugar de suicidio se hable de sufrimiento en "el final de la vida". Perdonen sus señorías holandeses, pero para cuidar a las personas en el final de la vida ya están los cuidados paliativos, y eso cuando hace verdadera falta. El final de vida comienza en muchas ocasiones mucho antes de que intervengan los compañeros de paliativos. Comienza cuando el mayor se da cuenta de que por diferentes motivos está más cerca de un empeoramiento de su salud que de una mejoría real; empeoramiento que pondrá previsiblemente su vida en riesgo. Es entonces cuando aparecen los momentos de aislamiento, de reflexión interior, en muchas de estas personas. Comienzan a despedirse a su manera y como pueden de la vida: quieren hacer esa última visita, quieren que les lleven a ver a su hermano que vive en otra ciudad y que está pachucho, pero al que no han visto desde hace algunos años, quieren comer lo que les de la gana (para qué la dieta), entre otras cosas. Es cierto que no hay tantos servicios de paliativos como deberían haber, por culpa de los de siempre, pero esto no es causa suficiente para "sacrificar" al animal herido, en este caso a los mayores. La cuestión es seguir aumentando el número y ámbito de actuación de estos servicios tan necesarios en un futuro a cortísimo plazo. Si siguiéramos el argumento de los políticos holandeses ¿por qué no se pone en circulación una pastilla letal para los parados de larga duración desesperados por la falta de sentido de su vida sin un trabajo con el que darles de comer a sus hijos?, ¿por qué no se la damos a los que han sufrido la pérdida de un hijo u otro familiar muy querido con el pretexto de que refieren frecuentemente no querer seguir sufriendo la vida sin ellos?. Al final, el argumento de sus holandesas señorías se lo lleva el viento de la prudencia por su escaso peso. 

España también tiene sus propios fantasmas. Duele leer que en nuestro país se suicida una persona cada dos horas y media, todos los días del año (3). Son datos terribles. Más todavía en nuestra Región de Murcia, donde por lo visto incluso han aumentado en un 30% (4). Una de las causas claramente es la falta de un programa de prevención del suicidio por parte del gobierno nacional y regional, tal y como ya hace tiempo que pedían los expertos (especialistas, organizaciones, pacientes...). Al parecer la vejez no es buen momento para sentir esperanza; según el INE el riesgo de suicidio aumenta con la edad situándose la mayor tasa en los varones de más de 79 años (4). 

No sé por qué, pero ahora recuerdo a una anciana de una de las residencias que coordino. La pobre mujer de 81 años necesita medicación anticoagulante (SINTROM(R)), para cuya administración es preceptivo conocer su INR (un parámetro que nos indica el nivel de coagulación sanguínea); así, el hematólogo de referencia puede ajustar de manera precisa la dosis diaria, evitando que su sangre se espese de más (pudiendo provocar un embolismo) o bien de menos (provocando en este caso hemorragias). Para todo esto es necesario tomar muestras de sangre de los pacientes. Habitualmente, en el ámbito domiciliario ya se evitan los molestos y crueles pinchazos (los diabéticos sabrán bien a lo que me refiero), que en ocasiones son casi diarios, utilizando una maquinita con una pequeña lanceta, como las de los aparatos de glucemia, de forma que una pequeña gota se obtiene el INR que necesita el especialista para determinar la dosis de fármacos a ingerir. Esto está muy bien para los mayores, al evitarles sufrimientos físicos (se les pinchaba tan frecuentemente que en ocasiones teníamos que insertar las agujas en zonas tan dolorosas como las que hay entre los dedos de la mano). Pero desgraciadamente no todos los mayores son beneficiarios de esta medida. Los pobres mayores que viven en las residencias al parecer NO TIENEN DERECHO A EVITARLES EL SUFRIMIENTO FISICO eliminando las agujas a favor de las lancetas de los aparatos. Cuando hemos ido a solicitarlos a los centros de salud los compañeros de enfermería nos dicen que ellos tampoco tienen muchos, de modo que no pueden prescindir de ninguno para dejárnoslo. Cuando los solicitamos ante la gerencia del Servicio Murciano de Salud (SMS) nos dijeron (en una mesa con muchas personas espectadoras, por cierto) que esos equipos no estaban previstos que los tuviéramos las enfermeras que atienden diariamente a los mayores que no pueden atender las enfermeras y médicos del centro de salud (por estar hasta arriba, se entiende, supongo). Que si los queríamos los tendríamos que comprar nosotros, al igual que las lancetas, y que "ya si eso" ellos nos darían las claves y el software para enviar los datos al laboratorio de hematología del hospital de referencia. Traduzco al cristiano: que los ancianos se compren su propio aparato de determinación del INR, y las lancetas; porque claro, para el que no lo sepa, de vez en cuando el SMS diferencia a los ciudadanos murcianos, beneficiarios constitucionalmente de un servicio de salud gratuito y universal, entre los que viven en residencias y los que viven en sus casas; y si esto ya no es bastante humillante, también diferencia (o discrimina, según se quiera entender) entre los que viven en residencias públicas y los que viven en residencias privadas, aunque su plaza sea concertada. En este estado de abandono social por parte de quien debe protegerte y cuidarte, ¿cómo no va a parecer la sombra de la depresión?. Si nos vamos de nuevo a las estadísticas, un informe de una prestigiosa aseguradora afirma que el 80% de las personas de 79 o más años que se suicida en España padece algún tipo de depresión; las causas que suele manifestarse más claramente son: menor soporte social, peor estado nutricional por falta de apetito, posibles efectos de la depresión sobre el estado inmunológico y pérdida de motivación para el cuidado personal (5).

Resulta sobrecogedor como por culpa de una falta de sentido vital en Holanda a la más mínima ya está preparándose una ley que legalice el suicidio. Pero visto el sufrimiento innecesario que aquí, en España y en Murcia, le provocamos innecesariamente a los ancianos, ¿cómo evitar que sientan abandono y desesperanza?. Y si lo sienten, es decir, si se sienten abandonados ya no solo por algunos familiares, sino por el propio Estado, recordemos aquella institución, hoy en entredicho, que se supone debiera velar para que los derechos constitucionales se le garanticen a todos los españoles, incluidos los mayores de 70 años, ¿cómo evitar que sientan la desesperanza vital, la falta de sentido en sus vidas hasta el punto de querer salir de este mundo que les resulta tan ingrato por la vía rápida?.

Llegados hasta este punto, casi final, debemos reflexionar acerca de qué podemos hacer nosotros por cambiar esta situación. Mi experiencia con mayores me lleva, quizás desde la imprudencia, a sugerir grandes líneas de intervención: formar a los profesionales sanitarios y sociales para detectar precozmente situaciones de riesgo; incluir de una manera real y no hipócrita a los ancianos en los planes de prevención del suicidio que esperamos algún día de estos la consejería de sanidad sea capaz de articular y poner en marcha; elaborar alternativas terapéuticas orientadas a devolver la esperanza a estas generaciones que tanto hicieron y hacen por los que llegamos después, a veces empujando demasiado. Y una muy relevante y reivindicada por los expertos recientemente: apoyo y atención a las organizaciones dedicadas a la prevención y a aquellas que aglutinan a los afectados y sus familiares (3)(es bueno recordar aquí que el hecho de que un directivo del SMS se haga una foto con los amigos del Teléfono de la Esperanza NO ES SUFICIENTE APOYO). Es como poco curioso que el mismo Estado (no digo gobierno) que debe planificar estrategias para asegurar una buena atención sanitaria a los ciudadanos AL DIA DE HOY NO HAYA HECHO NADA para ello. Los familiares y las personas que han pasado por un intento de suicidio necesitan que alguien les ayude de verdad. Ya no valen las palmadas en la espalda. Las estadísticas deberían preocuparnos: nuestra sociedad está enferma de desesperanza y de falta de sentido. Solo lo que nació a raíz de la falta de consideración humana, la inhumanidad, podrá recuperarse y sanarse haciendo un verdadero y esforzado ejercicio de humanidad. El mejor ejemplo es no dejar que se suiciden personas víctimas de falta de apoyo y de calor humano. Esto debe ser un compromiso individual, porque este país querid@s amig@s NO Es PAIS PARA VIEJOS.

Un fuerte abrazo a todas/os


Enlaces de interés utilizados a modo de bibliografía:

(1) https://www.abc.es/sociedad/abci-holanda-aprobara-pastilla-letal-para-mayores-70-cansados-vivir-202002042028_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F
(2) https://www.publico.es/sociedad/suicidio-tercera-edad-soledad-dispara-numero-suicidios-poblacion-tercera-edad.html
(3) https://www.laverdad.es/salud/estadisticas-suicidio-espana-20190909162734-ntrc.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F
(4) https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2020/02/03/suicidios-caen-espana-disparan-30/1088156.html
(5) https://www.salud.mapfre.es/salud-familiar/mayores/neuropsiquiatria-y-geriatria/suicidio-en-el-anciano/

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