Nosokomi: ¿Stultífera Navis?

Hola a tod@s después de este más que caluroso parón estival. Os he echado de menos, os lo aseguro, pero la salud mental de cada uno es tan importante como comer o beber cada día. y necesitaba desconectar un poco de todo para centrame en mi familia y amigos, a los que en más ocasiones de las que debería pongo en un papel secundario de manera inmerecida.
En relación a esto, la salud mental individual, debo compartir una serie de reflexiones que he estado madurando a lo largo del pasado mes.
Supongo que habrá sido casualidad, o posiblemente la mayor atención prestada a los medios de comunicación por aquello de tener más tiempo de ponerme delante del televisor, pero estos han dedicado más de una noticia a mis compañer@s enfermer@s.
Me apena de corazón contemplar como una compañera de un hospital de la Comunidad de Madrid ha sido acusada de cometer supuestamente un homicidio de una persona mayor, por "piedad" según refieren algunas de las fuentes referidas por estos medios. Igualmente, me ha dejado de piedra saber que un enfermero alemán es el responsable supuestamente de más de 50 homicidios a pacientes de numerosos hospitales durante los últimos años.
En ambos casos aparece la sombra de la "enfermera asesina" que no hace más que desprestigiar a todo un gremio de profesionales que muy dignamente desempeñan su labor cada día, a cada hora, a cada instante atendiendo a personas que sufren y padecen.

Debo reconocer que me han dolido varias cosas, y que voy a intentar compartir con vosotr@s.
Lo primero es que creo que no se puede poner en duda la profesionalidad de todo un gremio con la acción delictiva de una mínima parte.
Lo segundo es que creo que si bien ambos casos tienen en común a las víctimas, los pacientes, las circunstancias que les rodean pueden ser también parecidas. En este sentido voy a hacer una reflexión preliminar, y es que hay que empezar a diferenciar la enfermedad mental de la maldad pura y dura.

En ambos no podemos olvidar que la línea que separa lo uno de lo otro es muy borrosa y no se deja ver en sus límites. En ambos casos podría entenderse, en un ánimo de dar explicación a tanto horror, que ese tipo de conducta solo puede ser fruto de una mente enferma. Yo, en cambio, considero que no tiene porqué ser así. Me recuerda este tipo de reflexión a las que hace Michel Foucault, en el libro "Los anormales", que recoge una serie de conferencias que impartió en un curso en los años 70; según el filósofo francés, los jueces deben recurrir a los psiquiatras, en concreto a los péritos forenses en salud mental, para poder legitimar lo que denomina la "íntima convicción", la razón fuerte por la que el magistrado imparte justicia; esto obliga a delegar la carga de la voluntad del delito  en personas que sean plenamente conscientes de lo que hacen, pues presupone que la maldad es tan deleznable que no es propia de personas con razón. Si bien es cierto que este discurso lo utilizó para criticar la medicalización de los juzgados, como consecuencia de la medicalización de la anormalidad en la salud ambiental, no todo lo que afirma puede extrapolarse a nuestro discurso. Las personas que cometieron estos delitos, supuestamente, no tienen porqué ser enfermos mentales necesariamente. Pero nos queda la duda de si realmente son enfermos o personas terriblemente malignas.

En esta línea discursiva, me posiciono de una manera contundente. Me apoyo como argumento en la información que los medios de comunicación nos dieron acerca de que en el caso de la enfermera madrileña la dirección del hospital ya hacía ¡¡al menos 1 año!! que había puesto cámaras ocultas para vigilarla. Esta situación me lleva no al papel de la enfermera que puede estar más o menos enferma o ser maligna, supuestamente, según el caso, sino a deliberar sobre el papel de los responsables sanitarios.

Este tipo de profesión, las sanitarias en general, y la de enfermería en este caso concreto, nos sitúa frente a circunstancias muy estresantes: conflictos con los pacientes-familiares, con otros compañer@s, jefes, con la muerte de los pacientes, con su sufrimiento, con la falta de reconocimiento, etc. Esto puede ser el detonante de muchas patologías latentes tales como una depresión, ciertas neurosis, paranoias, etc, que ponen en mayor riesgo todavía a los pacientes atendidos por estos profesionales. Recuerdo en este momento a a aquella pobre mujer médico que sufría una patología mental que la llevaba a hablar con su ordenador apagado en ocasiones (lo refirieron después algunos compañeros, aunque ninguno lo denunció antes) previo todo ello a asesinar apuñalando a algunas personas del hospital sin causa aparente. Indudablemente los profesionales sanitarios somos personas como el resto, sujetos a circunstancias estresantes que nos ponen a prueba cada día no solo como profesionales, también como personas coherentes y razonables.

De todos es sabido que, como personas que somos, algunos tienen una patología mental que aunque existe esta es compatible con el desempeño de su puesto, como por ejemplo una depresión leve bien medicada y seguida por médicos especialistas. Pero ¿se hace realmente un seguimiento estricto de estos pacientes-profesionales?¿existe un listado de estos compañer@s a los que hay que acompañar y seguir en la evolución de su enfermedad por si empeoran sus síntomas? Supongo que en estos momentos habrán algun@s de vosotr@s que esté diciendo que esto que digo es una locura. Es bueno entonces recordar a aquel co-piloto alemán, creo, que se encerró en la cabina del avión cargado de pasajeros y estrelló la nave en un ejercicio suicida. Tras este lamentable acontecimiento las autoridades aeroportuarias y de navegación civl decidieron ser mucho más estrictos a la hora de hacer las revisiones médicas psicológicas a sus pilotos, así como liberar a los médicos del secreto profesional en el caso de comprobar que un paciente-profesional-piloto ponía en riesgo la salud de los pasajeros o compañeros, denunciando el caso a las autoridades competentes, si este se negaba a someterse a las indicaciones de los facultativos, entre las que se encuentra la baja laboral. Profesiones tales como ser médico o enfermera suponen un estrés enorme. ¿Porqué entonces no son estrictamente seguidas?. Posiblemente sea porque aquellos que les deben dar la baja o el alta suelen ser compañeros que, ocultos tras el secreto profesional, a veces "esconden" al paciente-profesional del resto de escrutadores. ¿Cómo si no se explica que la dirección del hospital madrileño llegara a implantar cámaras de vigilancia a una trabajadora sin nadie más lo supiera? Sabían que algo no funcionaba bien en esta persona pero prefirieron esperar a que ocurriera algo. No quiero decir con esto que se ocultara un delito, pero lo que está claro es que solo unos pocos sabían que tras una falsa obligación de secreto profesional y de presunción de inocencia se escondía la incapacidad de un sistema de control y vigilancia, como es la dirección del hospital, para poder PROTEGER a los pacientes del mismo.

Insisto: no se puede evitar, aunque si minimizar, el impacto del estrés en los profesionales sanitarios. Cuando decidimos estudiar nuestra profesión pasamos un periodo formativo en centros sanitarios que sirvió, entre otras cosas, para entrenarnos en el rol que más adelante deberíamos desempeñar. Pero esto no nos inmuniza de padecer otras circunstancias en nuestra vida que sumadas al estrés, o al padecimiento de una patología mental, puede desencadenar procesos de ruptura mental que puedan terminar en conductas no solo impropias, sino causantes de sufrimiento a los pacientes.

La Administración debe ayudar a los pacientes pero también a los profesionales sanitarios. La mejor manera de hacerlo es proteger a los primeros de los segundos y a estos de ellos mismos. La mejor forma es prevenir, y para ello se debe regular tanto el abordaje de estas situaciones (bournout, patologías mentales) que sufren nuestr@s compañer@s por otros compañer@s mediante el establecimiento de protocolos muy concretos, así como las medidas de control transparentes que permitan que todos podamos dar a nuestros pacientes lo que necesitan como mínimo: SEGURIDAD.
Nunca un enfermo ha podido curar a otro enfermo. Nunca una persona que necesita cuidados ha podido cuidar de otra. Recordemos esto.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Un enfermo, es un enfermo, independientemente de su profesión y no debe expuesto a un desenlace de esa magnitud.

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  2. Totalmente de acuerdo. Un enfermo, es un enfermo, independientemente de su profesión y no debe expuesto a un desenlace de esa magnitud.

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  3. Gracias por tu aportación Juan Carlos. Me honré tu participación. Un abrazo

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  4. Subscribo lo que dices, Carmelo "hay que proteger a los primeros de los segundos, y a estos de ellos mismos. Es una responsabilidad de la Administración velar por sus pacientes y profesionales que debería ejercer con mayor ímpetu, pero para ello se requeriría de una reestructuración y de un cambio de cultura dentro de los centros de trabajo orientada también hacía la salud del profesional

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