Los números de la dignidad

La dignidad de las personas, desde mi punto de vista, nace con la esencia básica de la humanidad del ser, es decir, con su sola existencia. Desde su concepción hasta su más decrépita vejez, si se diera. Esto es lo que llamamos a grandes rasgos "dignidad ontológica". A veces esta dignidad es difícil de intuir, quizás por su relativa compleja reflexión filosófica y antropológica, y nos dejamos llevar por la "aplicación práctica" de lo que entendemos que es la dignidad. A este tipo de dignidad la llamamos "dignidad moral". Así hablamos de que esto o aquello es más o menos digno, en función de una serie de repercusiones que podemos mensurar en la vida diaria, práctica, del ser humano. Pero no podemos quedarnos a esta altura de miras. La dignidad, la ontológica, se debe promover cada día por todos los profesionales que hacen su trabajo con y para personas, más si cabe cuando estas se encuentran en situaciones de especial vulnerabilidad como es el caso de los ancianos, y dentro de este grupo los ancianos enfermos. La manera de promoverla es a través de nuestros actos, nuestras correspondientes praxis profesionales.
La atención sanitaria en las residencias tiene aspectos relacionados con los cuidados diarios y básicos a las personas mayores que en estas viven. Así, el baño, el aseo o el vestido, entre otras actividades, se convierten en la manera en que el sentido de la existencia de este tipo de recursos sociales, que no sanitarios, toma su mayor amplitud. Los profesionales suplen muchisimas veces a las propias personas ancianas a la hora de satisfacer sus necesidades básicas.
Debemos recordar en estas humildes e insuficientes líneas que para realizar este tipo de actividades las residencias cuentan con ciertos recursos propios y otros que por derecho les corresponde aportar a la Administración Pública en materia Sanitaria en beneficio de los ancianos, en estas ingresados, por el mero hecho de ser sujetos del Derecho, es decir, de nuestra Constitución. Referido así, quizás no se entienda bien lo que quiero decir, por lo que con algunos ejemplos quizás podáis haceros una idea más clara. Cuando un anciano debe ser aseado, los productos de higiene que se utilizan deben ser provistos por la residencia, según las cláusulas establecidas al efecto en los contratos de gestión que la Administración Pública en materia Social mantiene con las gestoras de las residencias; como todo contrato entre dos partes esta condición puede variar en función de otras variables. Otra cosa distinta es que algunas residencias lo quieran cumplir o no. Otro ejemplo distinto es el de la ropa del anciano, la cual debe ser provista por las familias de este cuando haga falta, según los contratos de gestión, públicos o privados. Nadie pregunta con qué se viste a un anciano sin recursos y sin familia (o con familia pero que se desentiende del cuidado de su anciano); sería interesante que la gente supiera que se les viste con fondos propios de la residencia, sin subvenciones ni nada parecido. Pero cuando hablamos de servicios sanitarios no podemos entender que lo básico, como el vestido o la higiene, entre dentro de particularidades legales sujetas al acuerdo de dos partes, ya que la atención sanitaria está garantizada por nuestra Constitución a todas las personas que vivan en territorio español. Lamentablemente esto no suele ser así, como ya hemos podido comprobar en otras entradas de este blog.
Hace unos días nos han comunicado, extraoficialmente claro, que dentro de poco los pañales de incontinencia que las gerencias sanitarias de las correspondientes Áreas de Salud facilitan mes a mes a los ancianos que viven en las residencias, van a ser restringidos a 3 pañales por persona y día. Hay que remarcar antes de proseguir que estos pañales no son facilitados a las residencias, sino a los ancianos, como si se tratara de los ancianos que viven en sus casas. Las residencias son meras intermdiarias entre los ancianos que acogen y la Adminsitración Pública Sanitaria. ¿Son muchos o pocos 3 pañales por persona y día? La respuesta está en los números. En nuestra Región la prevalencia de ancianos con demencia que viven en residencia está en torno al 70%; los ancianos incontinentes que viven en estos lugares está en torno al 90%. Algo relativamente normal, si tenemos en cuenta que los ancianos llegan a las residencias con muchos problemas de salud y dependencia; he aquí su utilidad como recurso. Para los que no lo sepan, la demencia tiene una serie de repercusiones en la vida de las personas que la padecen entre las que se encuentra la falta del control voluntario de sus esfínteres. Una persona con demencia no sabe si tiene ganas o no, ni sabe donde ir si sintiera esas ganas, ni sabe quitarse la ropa para ir al baño. Esto se traduce en que hace sus necesiades fisiológicas relacionadas con la eliminación urinaria y fecal en cualquier momento y lugar sin poder controlar este acto. Volviendo a los números, si dividimos los 3 pañales que les van a dejar para paliar fenómenos desagradables entre las 24 horas del día nos resulta a 1 pañal cada 8 horas, como si fuera una pastilla más. Para hacernos una idea más concreta, 1 pañal a las 8 de la mañana, 1 pañal a las 16 horas y otro pañal a medianoche. La cuestión está en si se da la para nada hipotética situación de que el anciano, con demencia por ejemplo, resuelva sus necesidades no coincidiendo con las horas previstas en los registros de cambio de pañal. Imaginemos, aunque no hace falta, a un anciano con demencia severa, encamado la mayor parte del tiempo, que tras asearle y ponerle el pañal, al rato, hace sus ncesidades; lógicamente, en poco tiempo, al hacer el control de continencias las auxiliares se percatarán de que está mojado y/o manchado por lo que diligentemente procederán a su cambio, por ejemplo a las 12 de la mañana; después de darle de comer por mano, o por sonda, al activarse el reflejo gastrocólico, el anciano vuelve a hacerse sus necesidades en el pañal, y claro, al volver a hacer el control de continencia a las 15 horas se vuelve a cambiar el pañal por otro limpio. Y ya está. Según la nueva normativa que quieren imponer desde la Administración Pública Sanitaria, hasta el dia siguiente no se puede volver a cambiar el pañal del anciano. A no ser que el anciano los pague de su bolsillo. Volviendo a los números esto se traduce en entre unos 60 y 80 euros por caja de pañales de 80 unidades, que deberán abonar los ancinaos y/o sus familias, y que habrá que sumar a los co-pagos que ya abonan a duras penas. Cuando se les ha preguntado a ciertos responsables de estas gerencias sanitarias como resolver esta situación que vulnera toda apreciación digna del anciano, nos han respondido con un "Esto es lo que hay. Apañaros con lo que tenéis como todos hacemos". Estos son los mismos que luego dicen que quieren imponer un farmacéutico en las residencias (ya hablaremos de esto en otro momento) por una atención digna de nuestros ancianos. ¡¡¡ Cómo pueden poner en sus propias bocas la palabra dignidad personas que promueven que los ancianos se queden bañados en heces y orina por no tener pañales con los que cubrir o paliar estas necesidades !!!.
Hace falta dar un repaso, además de a las cuentas públicas de determinadas Áreas de Salud, a lo que las personas que las dirigen y entienden por dignidad. Lo mismo el problema no es el déficit económico, sino la calidad humana como personas de algunos individuos a los que hay que dirigirse con un "Don" o "Doña" por delante. Quizás la clave no esté en los números sino en el concepto de dignidad que tienen algunos y algunas.
Ahi queda eso. Me he quedado en la Gloria vaya...
 

Comentarios

  1. ¡¡¡No me lo puedo creer!!! ¡¡¡3 pañales al día!!! Pero que será lo próximo racionamiento de la comida. Pero es que no han pasado ya lo suficiente estos ancianos ( guerras, hambre, penuria...) que quieren también amargarles sus últimos años de vida. Debería de darles una gastroenteritis ( por decir algo que no fuera malsonante) cada vez que abrieran esa boca para hablar de dignidad. Administrar un pañal como si fuera un medicamento. Quizás también empicen a eliminar diuréticos y laxantes para que puedan cumplir el cupo de 3 pañales al día.
    INDIGNACIÓN es lo que siento. Estan matandolos en vida, exprimiendo sus mínimos recursos económicos y los de sus familias. Que se rebajen todos ellos su sueldo, todo ese dinero para dietas, desplazamientos, viajes..., y habrá pañales para todos. Pero claro a ellos no les preocupa llegar a mayores porque con todo lo que nos han robado, van a tener más que para pañales.
    Dignidad, ¿pero acaso saben lo que significa? Es que ni respetan la ontologica ni la moral. Ya no respetan ni la higiene, y ni mencionamos las consecuencias que se pueden derivar de todo esto: úlceras, infecciones, ingresos, muertes.. Me parece un trato denigrante, y que deberían sentir cada uno de estos impresentables en su piel.
    TRATAR A LOS DEMÁS CÓMO QUERRIAS QUE TE TRATARAN A TI

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