El Orbe y la enfermera

EL ORBE Y LA ENFERMERA


Ayer fue el día internacional de la Enfermería. Gran día para todas las enfermeras del mundo, o no... Hace solo unas semanas la OMS, en una de sus asincrónicas y escuetas comunicaciones declaró el fin de la alarma internacional declarada en 2020 por la pandemia provocada por el Covid-19. En principio, declararon oficialmente cerrado el proceso de intervención de emergencia a nivel mundial. Las vacunas han hecho su trabajo, al menos en el llamado primer mundo, donde hay test de antígenos, y donde se pueden comprar vacunas de amplia efectividad a la lucrativas empresas: En los otros mundos, el segundo donde se incluyen aquellos países en vías de desarrollo, y en el tercer mundo, que es donde están el resto, todavía siguen muriendo cada días miles de personas, no saben si por Covid-19, o por cualquier otra miseria indiagnosticable por ausencia de medios sanitarios adecuados, e incuidable por ausencia de profesionales sanitarios debidamente formados. Lo mismo cuando nuestro país consiga terminar sus ensayos con la famosa vacuna barata y más efectiva los pocos que queden vivos puedan beneficiarse de su efecto protector.

En este estado de anomia en el que nuestra sociedad se encuentra las enfermeras hemos adquirido un papel fundamental. Durante toda la pandemia se legitimó una figura ideal de enfermera que ha venido a estar junto al que sufre, al que padece, siempre y a pesar de todo, aunque eso haya supuesto un grave deterioro de su estado de su salud mental. Cada día se diagnostican más depresiones y cuadros de ansiedad generalizada asociados a síndromes postraumáticos de la pandemia. A nadie de los que deciden parece importarle eso. Hay que destacar también algunos rayitos de luz entre tanta nube oscura. Hace solo unos días en la Región de Murcia se firmó el acuerdo entre Gobierno Regional y sindicatos mediante el cual se reduce el cómputo total semanal a 35 horas, aunque sea a partir de enero de 2024. Algo es algo. Pero esto no es una cuestión de horas de trabajo, al menos no únicamente.


Continuan los problemas de las compañeras enfermeras en la Atención Primaria de Salud, en toda España. Es curioso que las reivindicaciones que más se han oído han venido de otros sectores profesionales, las cuales han cesado en el momento que les han subido el sueldo sustancialmente, y curiosamente les han reducido la carga laboral, para que esta vaya a ser soportada en gran parte por las enfermeras. Compañeras que en breve es posible que deban desempeñar funciones propias de paramédicos americanos o británicos, aunque sin un reconocimiento económico ni profesional. Pero es esta una cuestión que no debamos desviar en el peso específico de otros sectores profesionales. Si de algo me he percatado durante estos últimos tiempos ha sido de la escasa motivación reivindicativa que nuestro gremio profesional ha mostrado frente a los responsables políticos encargados de darle respuesta. En el otro extremo de este razonamiento recuerdo entonces cómo hace unas semanas las enfermeras británicas montaron en cólera y se echaron a la calle, vestidas de enfermeras, y lo más importante, sin necesidad de ponerse ningún sobrenormbre, léase "marea blanca" por ejemplo, que habla más de la necesidad de chupar cámara por parte de determinadas ideologías políticas, que de una verdadera exigencia de derechos. 


No menos problemática es la situación de las enfermeras especialistas en geriatría. Cada año las plazas para formar a las especialistas de geriatría es menor. A veces, el Ministerio nos cuenta la historia de que las plazas aumentan cada año, aunque se guardan para ellos el hecho de que luego no financian las mismas que autorizan, con lo cual en el ámbito político quedan bien, pero en el ámbito de lo práctico se hacen la foto. Todavía quedan comunidades autónomas sin unidad docente multidisciplinar en geriatría, solo tres, y entre ellas se incluye nuestra Región. Cada vez nacen menos niños y hay más mayores de setenta años, pero paradójicamente se siguen solicitando y ofreciendo más plazas de EIR de matrona y pediatría y menos de geriatría. Esta estúpida por incongruente y simple estadística solo podría ocurrir en nuestro país. Todavía queda alguna esperanza. El otro día una compañera docente de la Universidad de Barcelona me dijo que había conocido a una R1 de enfermería geriátrica que es de Murcia, que había estudiado en la UCAM por lo que seguro que le di clase durante la carrera, y que había elegido nuestra especialidad. No porque no le diera la nota, sino porque le apasionaba esta rama de la enfermería. También hace dos días, durante el II Congreso Internacional de la Red Internacional de Vulnerabilidad, Envejecimiento, Salud e Investigación, celebrado en la UCAM, con la presencia de investigadores de España, Brasil y Portugal, intervino una de nuestras alumnas mostrando una sensibilidad especial en relación a la enfermería geriátrica, que me recordaron a mis tiempos de alumno. Solo por eso merece la pena celebrar el día internacional de la enfermería.

Volviendo a la isla británica, curiosamente durante la ceremonia de coronación del nuevo rey Carlos III, durante su entrada a la catedral de Westminster, detrás suyo iba una enfermera portando uno de los símbolos más destacados en la ceremonia, el orbe que todo rey lleva en su mano como representación de su poder en la tierra. El mismo rey así lo había querido, manifestando de esta manera su apoyo a un grupo de personas que cada día entramos a nuestro centro de trabajo sabiendo que lo que nos espera dentro son personas sufriendo en mayor o menor medida, y que sólo con nuestra presencia a su lado, acompañándoles, parte de ese sufrimiento puede ser paliado. Ojalá entre los demasiados políticos que hay en España encontráramos un valedor de nuestra profesión, y de nuestra especialidad geriátrica, que ayude a que ese 20% de enfermeras que abandonan esta preciosa manera de vivir que otros llaman trabajo no lo hicieran.


En ocasiones, no somos conscientes de que lo que hacemos no es un trabajo, sino una especie de don, de una oportunidad que Dios, el cielo, el universo, o lo que sea que crea cada uno, nos da para hacer el bien con el más mínimo gesto, solo con nuestra presencia. Para ello, no solo es suficiente con estudiar la carrera universitaria y cobrar bien, y tener buenas condiciones laborales. Es necesario ser conscientes de se precisa SER buena persona antes de saber hacer de enfermera. Solo es esos casos todas llevamos en nuestra mano el orbe de la universalidad, de la Humanidad. Cada día que estamos ante el que sufre llevamos ese pesado orbe. De nosotras depende el uso que hagamos de esa responsabilidad. A pesar de ello sigo pensando que el nuestro es el trabajo más bonito del mundo. No dejemos que nos convenzan de lo contrario. Para eso estamos también, para apoyarnos las unas a las otras, para llevar el orbe entre todas.

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