Muerte al cansado

Hace ya algún tiempo que no subo ninguna entrada al blog. No, en esta ocasión no ha sido por aquello del trabajo extra por culpa del maldito Covid. Ni mucho menos. Posiblemente sea porque escribir en esta bitácora le suponga a su autor una especie de catarsis. Cada vez que siento que ya no pudo aguantar más calladito, en pose de corrección política, antes que tomar un Lorazepam prefiero escribir. Hasta ahora me ha ido bien. Incluso he tenido algunas quejas en relación a lo que he escrito en otras ocasiones, como le ocurre a la gente importante. Es una excelente manera de saber que al menos esos no te toman por tonto o loco y no me dan la razón vehementemente, como otros. Estoy intentando filtrar un poco, porque la verdad es que ha sido una primavera extenuante, realmente agotadora. Pero hay cosas que es imposible trillar.

Ayer desayuné con la noticia de que Holanda, también conocida como Países Bajos (quien le puso el nombrecito seguro que no sabía el grado de bajeza que podrían alcanzar en el siglo XXI), pretende regular legalmente, que no éticamente, una extensión legal de la eutanasia (1). Realmente, no se trata de eutanasia sino de suicidio asistido. Ya sabemos que Holanda se ha convertido en la más insigne defensora de los anti-derechos del hombre. Se ha convertido en un país (y una sociedad) que atenta contra la Dignidad de la persona humana. Un experta en regular contra el mayor derecho de la Humanidad: la vida de las personas. Más concretamente de aquellas especialmente vulnerables: ancianos, discapacitados, personas con demencia, etc... Y lo suele hacer, como también se está haciendo en España, dándonos donde nos duele, esto es, en lo más profundo de nuestra conciencia moral. Se nos muestra en algunos medios de comunicación, afines ideológicamente, a través de campañas de "sensiblería emocional" en las que se manipulan las tristes historias de las personas que sufren la soledad, el abandono social, la desesperación, el sufrimiento, etc. Lo hacen con la única intención de conseguir dar un paso más en su claro camino de destrucción de aquello más preciado que tiene el ser humano: su Humanidad. Y para ello aluden sin ningún pudor ni decoro a un concepto tan trascendente y fundamental como el de Dignidad.

Debemos recordar que ya hace algunos meses un medio de prensa escrita de tirada nacional se hizo eco del globo sonda que el gobierno neerlandés lanzó para analizar cuanto polvo removería una iniciativa como la que ahora previsiblemente va a aprobar (2). Cuando escribí sobre ello, algunos me dijeron que era un bulo (me niego a poner "fakenews" teniendo palabras en el diccionario para decir lo mismo en español). Me aconsejaron no alimentar debates infructuosos. Al final el tiempo es el juez más justo que nos podamos encontrar en nuestra existencia terrena. Me ha ido dando la razón. Y no me alegro por ello. Con la confirmación de mis anteriores sospechas se abre el camino para reflexionar seriamente en torno a otras cuestiones que acompañan a esta iniciativa legal holandesa.
El punto clave que motiva, al parecer, la aprobación de la puesta en marcha del proceso de la legalización del suicidio asistido es su eminente carácter moralista y edadista. Reflexionemos un poco en torno a estos.

Si bien en la noticia del 5 de febrero de 2020 se hablaba solo de mayores de 70 años, en la propuesta actual se amplia la edad hasta llegar a ¡¡¡ los 55 años !!!. Como es posible que estemos tan ciegos. Se está utilizando al segmento poblacional de personas mayores para legalizar el suicidio en poblaciones no ancianas. Como pasó con la ley de la Eutanasia, dentro de poco, supongo, ampliarán la edad para aquellas personas menores de 55 años. Me da miedo pensar hasta qué edad llegarán, aunque viendo lo que hicieron con la eutanasia miedo es un término muy benévolo.
Por otro lado, está la utilización del calificativo "cansados" parea referirse a la causa que puede motivar la solicitud del suicidio asistido, aunque en la propuesta le sigan llamando eutanasia. Es muy difícil asumir que lo único que podemos hacer por los mayores (y los no mayores) es facilitarles el suicidio. Sobre este punto quiero explayarme un poco, pues si nos detenemos aquí lo que queda es una opinión más, sin argumentos.

Deberíamos considerar el motivo del supuesto cansancio de los mayores. ¿de qué se supone que están cansados?, ¿de vivir?. Tras muchos años de profesión acompañando a personas mayores, ciertamente, he podido ver cómo algunas permanecían impasibles mientras sus vidas se vaciaban de sentido. Solos, "encerrados", no sólo en residencias, también en sus casas, sin visitas, desubicados. Puedo entender que en estos casos uno piense aquello de "para poca salud mejor ninguna". Pero esto solo es el síntoma de que hay cosas que están pasando en la vida de las personas que atentan contra el autoconcepto y la propia imagen, y que de alguna manera nosotros formamos parte del problema. Nuestra reacción ante esta situación no puede ser decir únicamente "lo entiendo" y a continuación darle la posibilidad de que se suicide.

Ya está bien de atacar a los ancianos. Los efectos de la pandemia nos han mostrado una más que preocupante actitud de la sociedad, en general, hacía los mayores. No me cansaré de afirmar que nuestros mayores (mis padres, mis abuelos, y los suyos, queridos lectores) son los artífices de todo aquello que a nivel colectivo hoy día disfrutamos: la democracia (aunque sigue siga siendo el sistema menos malo), los derechos sociales (pensiones, subsidios de desempleo), la libertad de expresión (aunque a veces se pervierta), entre otros muchísimos. Cabe destacar el derecho a la Salud que nuestra Constitución recoge de una manera muy destacada y especial. Ese derecho que durante estos meses pasados tanto se ha vulnerado en nuestro país, sobre todo cuando hablamos de los mayores.

En nuestro país el Covid se ha cebado especialmente con los ancianos. En total, de las 28.419 personas que a fecha de ayer, 23 de julio (3), han fallecido en nuestro país, 19.646 son personas mayores que vivían en residencias y que lo han hecho como consecuencia de la infección provocada por el coronavirus (4). Sí, la causa que aparece en el certificado de defunción es el SARS-COV2, o Covid-19, aunque todos sabemos que antes de que la parca llegara ya estaban condenados por otros motivos. Comparto plenamente las conclusiones del informe emitido por el Círculo empresarial de Atención a Personas (CEAP) al afirmar que muchos no pudieron recibir la atención sanitaria que requerían de manera urgente porque desde algunas administraciones autonómicas consideraron que no eran preferentes en la atención, o porque sus cuidadores de la residencia (institución social, que nos sanitaria) todavía a día de hoy no han recibido los equipos EPI y el material suficiente y necesario para evitar la propagación del virus una vez dentro (5). También hubieron cientos de mayores que murieron solos en sus casas, esperando recibir una atención que nunca llegó.

Fueron numerosas las ocasiones durante los recientes días del Covid en las que de boca de compañeros médicos y enfermeras escuché la expresión "esto debe ser lo más parecido a la guerra". Lo comparto. Durante un conflicto bélico, o en cualquier catástrofe, cuentan que sale lo peor y lo mejor del ser humano. En el transcurso de la pandemia en muestro país pudimos ver como el sistema público de salud se llevaba a las enfermeras y auxiliares de enfermería de las residencias a hospitales y centros de salud, aun sabiendo la situación en la que dejaban a los geriátricos. Algunas de las "compañeras" a las que aplaudíamos a las ocho de la tarde dejaron a su suerte, y fatalidad, a los que hasta días antes fueron sus pacientes en las residencias; allá la conciencia moral y el concepto de deontología profesional de cada uno. Haciendo un ejercicio de empatía me puse en el lugar de todos estos mayores y entonces sentí miedo, pavor, al no saber si podría volver a ver y abrazar a mis hijas y a mis nietos; también rabia por la forma en la cual nos encerraron en espacios no mayores de 14 metros (mientras otros decían hartos de permanecer encerrados en su casa de 90 metros, 3 habitaciones, 1 cocina, 2 baños y un balcón). Mientras la demagogia de un vicepresidente de acción social con coleta y la hipocresía de una impresentable Ministra de Defensa criminalizaban a las residencias de ancianos de este país las enfermeras de estas mismas residencias, las directoras, las lavanderas, las cocineras, la auxiliares, las fisioterapeutas, las trabajadoras sociales, las psicólogas echaban horas extraordinarias "a manta" intentando salvar la vida de los ancianos, primero, y evitar por todos los medios que murieran solos, después. Todas, residencias y profesionales, se convirtieron en el chivo expiatorio que nuestra hipócrita sociedad. El trato que las residencias, y sus habitantes y trabajadoras incluidas, han recibido durante estos últimos meses debe ser motivo de VERGÜENZA NACIONAL. Así, es de fácil comprensión que hayan mayores que se sientan cansados de vivir. ¿como se pueden sentir los mayores después de dejar su salud y juventud procurando un Estado de Bienestar a nuestra generación, la misma que luego les ha abandonado a su suerte como única muestra de gratitud?. No ha sido hasta hace bien poco y de manera prácticamente anecdótica que algún medio de prensa escrita ha dedicado algunas palabras a nuestras compañeras (9).

Esto no solo lo digo yo, que tampoco es que me importe mucho. Me preocupa mucho contemplar cómo un fenómeno tan relevante como la exclusión de los ancianos de toda atención, no solo sanitaria también social, no ha tenido sus damnificados y sus procesados judicialmente. Irónicamente los únicos investigados hasta ahora son los profesionales sanitarios que intentaron procurar atenciones a los mayores en las residencias. Es tan grave la situación vivida que hasta un grupo de eminentes personalidades se ha visto abocado por compromiso social a firmar un manifiesto en base a que: "En muchos países, ante la necesidad de atención sanitaria está surgiendo un modelo peligroso que fomenta una "sanidad selectiva" que considera residual la vida de los ancianos. Así, su mayor vulnerabilidad, su avanzada edad y el hecho de que pueden ser portadores de otras patologías justificarían una forma de "elección" a favor de los más jóvenes y de los más sanos" (7). Entre ellos figura un expresidente del Gobierno de España, Felipe González, del que nada se ha referido en los medios en relación este tema. Fue tan grave la situación que en determinados momentos hubieron organismos dedicados a la ética asistencial que llegaron a emitir informes y protocolos justificando la exclusión de los protocolos de ingreso en la UCI de los más vulnerables, los mayores y entre estos los que tenían más de 80 años. Un motivo reflejado en una tabla de dicho documento recuerda a nuestros desorientados "amigos" holandeses: agotamiento del proceso vital. Una sociedad, representada por aquellos a los que hemos formado excelentemente con nuestros impuestos durante años para salvar las vidas de los suficientes, los pacientes, justificaba una eutanasia por omisión por motivos de edad. Afortunadamente, en nuestro país todavía tenemos organismos de ámbito nacional, vapuleados e ignorados por los miembros del Gobierno por cierto, que se siguen preocupando de que la ética siga rigiendo las deliberaciones de una profesión humanista de nacimiento como es la medicina. El Comité de Bioética de España (7) emitió un informe impecable que vino a poner las cosas en su sitio además de mostrarnos, por defecto, que el enemigo a veces, pocas pero relevantes, viste bata blanca. Debieron aparecer en los medios personas como el de María Branyas, española, que con 113 años se ha convertido en la mujer más longeva del mundo en superar la infección por coronavirus (10). Y mientras otros solo ven un récord yo solo veo motivos para darle a los holandeses en todo el morro y echarles en cara que el sentido de vivir no tiene edad, que hay que alimentarlo desde dentro y desde fuera, que no hay persona más sola que aquella ignorada por los demás, como muchos de nuestros mayores.

Y ahora que los infectos promotores del abandono de toda una generación a su suerte ya han borrado sus huellas de la escena del crimen, volvemos a vivir con miedo un otoño que no está tan lejos. De hecho, durante estos días y en numerosas zonas de nuestro país, se nos está dando una muestra más de la diferencia de perspectiva en cuanto a sentido de vivir se refiere. Rebrotes letales y peligrosos afloran por la incapacidad del grupo de los jóvenes, y no tan jóvenes, de aceptar la frustración como una manera más de aprendizaje en la vida (8). La necesidad de vivir al límite, de vivir en el hoy y en el ahora, de buscar solo lo fácil y feliz, han alimentado durante años a unas generaciones para las que la solidaridad es vista como un rasgo de retroceso social. Jóvenes, con edades mayores a las de aquellos que hace años volvían de la "mili" hechos hombres, muestran una inmadurez tal que nos debería dar pánico considerarlos las generación que nos deberá cuidar.

Ahora que los recientes acontecimientos nefastos nos vuelven a poner la piel de gallina y nos obliga a volver a ensayar la técnica de puesta y retirada de EPIs, debemos ser conscientes de que hay mucho por hacer en relación al cuidado de los ancianos. La solución no puede limitarse a encerrarlos en jaulas de oro, que es en lo que se han convertido las residencias. Hace poco me decían los que ya considero mis nuevos amigos "gracias" al maldito Covid, compañeros/as del grupo CORECASS, dependiente del Servicio Murciano de Salud, que vigila estrechamente los movimientos de las residencias desde el mes de marzo, que las residencias son las instituciones más seguras de la Región de Murcia; también que nuestra implicación en la puesta en práctica de alambradas, barricadas y trincheras para la más que previsible guerra contra el coronavirus es excelente, aunque insuficiente como en el mejor de los hospitales de España. Pienso que estas palabras de elogio deben ser porque ya estamos curtidos en eso de pelear solos ante el peligro en la defensa de los que nos tienen solo a nosotros y a sus familias. Gracias, mil gracias, a Abel, Javier, mi querida Eva, Jaime, Rocio y otros tantos compañeros del CORECASS por su empeño en no dejarnos solos. Pero la cuestión no es solo sanitaria, ni de tener equipos EPIs y mascarillas, es más amplia. Nuestro problema radica en la sociedad, en su doble moral a la hora de considerar a sus mayores, su mayor tesoro.

No, los mayores no están cansados de vivir. Están decepcionados ante nuestra falta de consideración. Quizás eso es lo que deberíamos analizar, y no la forma de exterminar a aquellos que nos recuerdan con sus emociones nuestros defectos y con ellos nuestros retos, nuestro sentido de vivir a partir de ya mismo.


Enlaces de interés a modo de bibliografía:

1).https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2020/07/22/eutanasia-mayores-sanos-cansados-vivir-llega-parlamento-holandes/00031595433541677260847.htm
2).https://www.abc.es/sociedad/abci-holanda-aprobara-pastilla-letal-para-mayores-70-cansados-vivir-202002042028_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.abc.es%2Fsociedad%2Fabci-holanda-aprobara-pastilla-letal-para-mayores-70-cansados-vivir-
3).https://elpais.com/sociedad/2020/04/09/actualidad/1586437657_937910.html
4).https://www.rtve.es/noticias/20200723/radiografia-del-coronavirus-residencias-ancianos-espana/2011609.shtml
5).https://www.elmundo.es/espana/2020/06/07/5edbeec9fdddff5e298b457f.html
6).https://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/2020/07/23/rebrote-coronavirus-mendillorri-defiende-imagen-696899-300.html
7).https://www.elmundo.es/internacional/2020/05/19/5ec28444fdddffc1398b4576.html
8).http://assets.comitedebioetica.es/files/documentacion/Informe%20CBE-%20Priorizacion%20de%20recursos%20sanitarios-coronavirus%20CBE.pdf
9).https://www.larazon.es/sociedad/20200602/c3oxcz2dpbbpjhd6g4uewhseaq.html
10).https://www.elmundo.es/cataluna/2020/05/12/5eba41a7fdddffa2378b4693.html

Comentarios

  1. Aunque no pensaba, que fuera tan extenso, lo he leido, hasta el final, creo que las nuevas normas, que las nuevas sociedades Europeas, sobre todo algunos paises mas norteños, nos quieren imponer, rayan lo immoral, lo absurdo, lo vergonzoso, por el respeto a la familia. Me refiero a esa familia, de abuelos, padres, nietos, biznietos, que le encanta reunirse y compartir vivencias y momentos unicos. Vamos hacia una sociedad hedonista, egolatra. Cuando la familia deja de ser el CENTRO DE LA SOCIEDAD, me refiero a las familia tradicional, la sociedad se destruye. El respeto a nuestros mayores, niños, enfermos, discapacitados, vagabundos. Tenemos que reaaccionar y manifestarnos, o vamos hacia un precipicio. El hombre, es una imagen de Dios, somos su semejanza, nos creo libres. Pero nosotros queremos ser dioses. Un abrazo Carmelo.

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  2. Es muy triste todo lo pasado y lo que creo que volveremos a vivir,en mi calle hay muchas mujeres mayores,y si no vemos un día a alguna ya está mu mujer o yo pensando ¿ Donde estará está?
    No es caridad cristiana ni pillas ya sabes tú lo ateo que soy.es humanidad y empatidad al prójimo.Esas sociedades del Norte tan avanzadas jamás entenderían
    Y a parte de felicitarte
    Te dedico una canción que viene al pelo
    " El Norte está lleno de frío"
    https://youtu.be/3fwccTjvw7c

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  3. Soy enfermera, auqnue no he estado en primera fila en la pandemia. la falta de ética, biética etc es notoria, peor ya lo era antes. un caso concreto: un señor, padre de una amiga, se cayó y fracturó la cadera. era autónomo, vivia en domicilio con una hija enfermera. Pues no lo quisieraon operar, por edad, por Historia clínica: no escucharon al paciente (decia preferir morir en la operación, peor no quedar asi, encamado para siempre ), los hijos apoyaban la decisión del apdre, peor los anestesistas se negaron "le pude pasar algo en la operación". Lo condenaron a 4 meses de infierno, humilalción, úlceras por estar en cama etc. recibia cuidados de todo tipo, de su familia, incluso de enfermeria (2 hijas), peor su muerte se precipitó por el encamamiento. . Su familia dice: nos condenaron a todos a un infierno muy triste, él siempre había sido vital, y al perder contacto con la calle comenzó a desorientarse. El concepto de "anciano no merecedor de cuidado específicos es mercantilista: la mayor bajez humana.

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