La esperanza tiene 15 años

Me apetece acabar este año, brillante en lo personal, con un mensaje de renovación, de ilusión, de esperanza a fin de cuentas. Para ello, he hecho un repaso meditado y tranquilo sobre las cosas positivas y negativas que han acaecido en este 2016 y para ser sinceros me he llevado algunas sorpresas, para las buenas y para las malas lógicamente.

Esta sociedad nuestra anda un poco desorientada, de eso no cabe duda. Pero en el caso de los mayores bastante más todavía. Ayer mismo en los dos periódicos de tirada nacional más influyentes, el Mundo y el País, se hacían eco de una noticia que, al menos en los titulares, tenía su interés. Por lo visto el Partido Popular quiere poner el acento de la renovación ideológica en abordar el hasta ahora olvidado mundo de los mayores. Estadísticas aparte, algunas de las cuales arrojando que en el año 2016 el 40% de la población tendrá más de 65 años, la cuestión del envejecimiento parece ser vista más como un problema que como un potencial social, real por otro lado. Aunque con una literatura no exenta de manipulación gramatical, sendos artículos, imagino que repitiendo las declaraciones de los representantes de dicho partido político, ponían el énfasis en remarcar la piedra de calve que supone el envejecimiento poblacional, en relación a otros temas como el empleo, la economía, la viabilidad de la caja de la Seguridad Social, y como no, de las pensiones. Al final, después de tanta verborrea periodística, lo que se queda en la retina es que al parecer el envejecimiento es el problema. Nada más lejos de la verdad. El envejecimiento tiene tanto de problema como la escasa natalidad. Ambos fenómenos sociales son las consecuencias de la política llevada a cabo en los últimos años; el envejecimiento es la cara positiva, pues es la consecuencia de una mejor atención sanitaria, pero solo en cuanto a fenómeno demográfico, esto es, en cuanto a aumento de la esperanza de vida se refiere. Lo que la mejor atención sanitaria no ha conseguido es que los mayores, ahora con más años que hace 40, tengan un envejecimiento digno, siendo apara ello apoyado por el Estado y expresado esto en más políticas sociales que ayuden a envejecer en el entorno domiciliario, mejores pensiones que ayuden a vivir por sí mismos sin recodar a final de mes aquellos años de postguerra donde no tenían algo caliente qué echarse a la boca. La escasa natalidad es otra consecuencia de políticas erróneas para apoyar a las madres y los padres. Nadie valoraría positivo o negativo la escasa natalidad sino fuera porque estos escasos neonatos recientes serán los que deban apoyar en pagar nuestras pensiones. Pero claro, vivimos en esta querida España, maltratada por sus políticos, con escaso nivel intelectual para lo ajeno y que se han centrado en el clientelismo político antes de pensar en el futuro inmediato. Así, desde el punto de vista de estos políticos, la culpa de que los ancianos no tengan mejores pensiones, antes, o en mero hecho de tener pensión, mañana mismo oigan, es de ellos mismos, quiero decir de los ancianos vaya. Por cierto, cuando hablo de políticos hablo de todos los políticos, no de los de una ideología concreta. Aquí, lo mismo unos de un partido han puesto el co-pago para dependencia, como otros antes pusieron el "cheque-bebé" que beneficiaba a "todos" por igual, porque claro, eran los más igualitarios de la historia; así, se le daba lo mismo a los que no tenían recursos como a los que tenían recursos para enterrar a los que no los tenían. Muy justo no parece...

Tranquilos, queridos lectores, no les he engañado cuando les he comunicado que no iba a salir de este año
con malas vibraciones. Más bien todo lo contrario. Les explico. Hace pocas semanas estuve en París impartiendo una conferencia a un grupo de adolescentes en el ilustre Liceo Español Luis Buñuel. Esta coincidía con la presentación de la exposición fotográfica "La otra mirada de la dependencia", que la Asociación para la que gustosamente trabajo, además de para la Universidad Católica de Murcia, llevó a esta institución docente. Hay que decir que la acogida fue excelente; nos cuidaron y mimaron al máximo. Debo reconocer aquí y ahora que llegué a dudar de lo provechoso que para estas personitas podía suponer una charla acerca de mirar a las personas mayores como eso mismo, es decir, como personas, en lugar de como a seres marginados. Durante la media hora que duró la ponencia algunos se movían en sus sillas, otros no levantaban la vista de algún móvil furtivo (estos eran los mínimos, pongamos 2 o 3 del total), y otros nos miraban con cierta atención. Cuando llegó el momento de terminar, hice esa pregunta que a veces es tan importante en unos sitios como cargante en otros: -¿alguien quiere preguntar algo?. Más que la pregunta lo que nos sorprendió fue la reacción de algunos chicos, mejor dicho chicas. En la primera fila una chica de nos más de 15 años me preguntó con cierta afección: -¿Tienen los mayores miedo a que se les olvide?.  Debo reconocer que me sorprendió la pregunta, no tanto por la persona que la hizo, que también, como por la profundidad de la misma. Disfrutamos respondiendo a esta más que trascendental pregunta, pues analizándola despacio resume en pocas palabras la crisis existencial que muchas personas mayores están experimentando en nuestra sociedad. La respuesta a esa pregunta, lo más sintética y alejada de complejas filosofías como pude, dieron lugar a nuevas preguntas, todas ellas con el mismo trasfondo trascendental. 

Comprobar como algunos jóvenes se preocupaban no solo de sus mayores más cercanos me llenó de gozo, y de esperanza. Cuando pensaba, casi hasta el convencimiento, de que ya no había solución a esta crisis axiológica que parece anestesiar a nuestros jóvenes, los mismos que nos deben cuidar dentro de 25-30 años, llegó la Esperanza, con mayúscula, trasformada en joven adolescente. Quizás sea este hecho el que me ha llenado de alegría, y ha renovado mis esfuerzos para seguir luchando para que se reconozca el papel de nuestros mayores en la sociedad, y que no se hable de ellos solo como pretexto para otros intereses, políticos y económicos por cierto, casi siempre.

Ojalá el año que entra en ciernes nos traiga muchas personas preguntándose acerca de su futuro cuando lleguen a mayores. Con preguntárselo a sí mismos de momento ya es un logro. Insistamos en esta línea. ayudemos a la Esperanza a florecer.

Feliz año 2017. Un abrazo mis queridos y fieles lectores y amigos

Comentarios

  1. El miedo al olvido, a olvidar y ser olvidados...Creo que todos tenemos miedo a ambas cosas.

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