ABUELOS y abuelos

El pasado 25 de Julio, la organización social para la que trabajo celebró en Cartagena el día nacional de los abuelos. Todo salió genial, a pedir de boca, sobre todo de la de los mayores allí congregados. Más de 1.300 personas para rendir homenaje a la figura de sus compañeros etapa de vida que cada día se encargan de cuidar a sus nietos, más por obligación que por gusto, ya que lo impuesto no gusta sin duda. También son los responsables de que muchos hijos con sus hijos y su cónyuge aparezcan en casa por Navidad pero para quedarse una temporadita más larga que las de Pascua, porque se han quedado sin piso o no pueden pagar el alquiler o si lo pagan no pueden comer. Yo he llegado a ser testigo incluso de la baja voluntaria de la plaza residencial de una señora, que había estado en lista de espera casi un año para conseguirla, debido a que su única hija, separada, con tres niños se había quedado en el paro, y su pensión sería el salvavidas de la familia entera. En mi entorno más inmediato no he podido ver muchos de estos casos pero me consta por otros compañeros que no son excepcionales. 

Después de ver esto me acuerdo lo que un respetado compañero de gremio enfermero me decía desde hace años sobre el estereotipo de llamar “abuelos” a las personas mayores, ya que esta denominación esconde una discriminación edadista de aquellos. Tanto ha quedado anclado en este discurso que incluso se atreve a interrumpir alguna que otra conferencia cuando oye que a los ancianos se les llama abuelos, como si se les hubiera llamado cabr…o hijos de p… A ese compañero, que ya es abuelo, no por edad sino por situación de parentesco, creo que debería reflexionar sobre el significado que actualmente tiene la palabra “abuelo”. Para mí, si ya antes era dudosa la significación paternalista, esta ha quedado anulada por los atributos que estos abuelos muestran. Coraje, sabiduría, templanza, sacrificio pero sobre todo amor, muchísimo amor, por unos hijos y unos nietos a los que están dispuestos a proteger y defender a pesar de tener setenta u ochenta u noventa y muchos, con garras y dientes. Son ejemplo de una generación que vio en la escasez la esencia de las necesidades humanas, probablemente porque no tenían nada más que llevarse a la boca o ponerse sobre sus cuerpos más bien lajos y huesudos esculpidos por el hambre de la postguerra. 

Ojalá tenga vida suficiente para poder contemplar a mis nietas y nietos decirme “abuelo”, pero también a otras personas que con ese gesto me demostrarían que me aprecian y me respetan.. Ese sería un premio de vida, no un lastre. Ahí va eso….

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